Ignacio del Valle

Científicas ocultas

Hay científicas ocultas en la dirección de proyectos de investigación y divulgación

Pasaron como cometas. Tarde de lunes fugaz en el auditorio del Titathyssen Villalón Palace de Cenacheriland. Tenían las protagonistas en común radiación de estrellas. Lorena Sánchez, redactora jefa de la revista QUO vestía un estampado de cohetes, enanas blancas y planetas , Ana Guijarro, astrónoma del Observatorio Hispano Alemán de Calar Alto llevaba el mapa del espacio profundo en la retina y la buena esperanza de Elena Sanz, editora y periodista científica que jugaba en casa coincidiendo en el guiño con unos zarcillos de stella de mar.

Liderazgo femenino en la ciencia. Entre matraces y osciloscopios de bata blanca hay poca señora al frente. La mirada femenina en el Periodismo, IV Sala de columnas de la Fundación Manuel Alcántara, ciclo programado por el periodista Pablo Aranda, en cuarto plano, iluminó ese elefante en medio del laboratorio.

El rol de la mujer en la investigación de papers publicados y los estereotipos machistas asentados desde la teoría de la evolución de Darwin, el de la etiqueta del anís del mono y El origen de las especies que niegan los creacionistas.

Las mínimas referencias de mujeres científicas y premios Nobel. El testimonio y presencia de genios femeninos en los libros de texto. El ninguneo a Madame Curie o la precursora de la wifi Heidi Lamarr y el más denigrante caso de Rosalind Elsie Franklin que fue la primera científica en fotografiar el helicerío del ADN, investigadora vital en la genética contemporánea que valió un premio Nobel, y cuyo desempeño no fue ni agradecido, ni recordado, ni mencionado hasta hace bien poco. Hay rara participación femenina, son científicas ocultas, en la dirección de proyectos de investigación y divulgación. El descenso de mujeres en el sector de las tecnologías de la información ahora es aterrador. Salvo en ciencias de la salud vamos cangrejo. En los setenta cursaban informática hombres y mujeres casi a la par. Desde entonces y en concreto con el fenómeno de los videojuegos ochenteros, se ha perdido cuota a unos niveles de presencia ridículos al día de hoy. Nos salpicaron con cifras y gráficos, con la ironía amarga y los datos tristes. Desmontaron tópicos asentados en la multitarea femenina, los cambios hormonales, la monogamia va por sexos o la diferencia empírica entre el cerebro de un hombre y una mujer. La mesa redonda finalizó de bajona y eso que no hablaron de presupuestos.

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