Cierre de universidades

Llegamos a descubrir que un sector esencial eran los estancos, algo altamente discutible

Durante la historia han sido diversos los motivos para el cierre de universidades. Ya el propio Isaac Newton tuvo que trasladarse al campo durante la epidemia de peste negra que asolaba Europa, logrando en estas forzadas vacaciones el desarrollo del cálculo diferencial e integral. Posteriormente fueron otras razones de índole político las que provocaron estos cierres, dado el carácter indomable que siempre ha caracterizado a la Academia. Hoy volvemos a encontrarnos ante esa posibilidad y la cuestión es ¿será esta la solución a la expansión de la pandemia?

En este país no se cerraron los sectores esenciales durante los peores momentos de la pandemia, entendiéndolos como la sanidad, la construcción, el transporte o la alimentación. Es más, llegamos a descubrir que un sector esencial eran los estancos, algo altamente discutible. Pero han sido las universidades uno de los primeros lugares a los que se procedió a su cierre. Esto se debe probablemente al hecho de que muchos siguen pensando en ellas como lugares para la docencia y la formación, olvidando la inmensa labor que hoy constituyen en los campos de la investigación y el conocimiento. Y es precisamente estas dos últimas características las que las convierten en un sector no solo esencial, sino altamente estratégico ante una pandemia como la actual. Es de agradecer que las nuevas tecnologías digitales han permitido el intercambio de información de nuestros científicos con todos los del resto del mundo. Pero hemos de pensar que la mayoría de los laboratorios de investigación, con los que hoy cuenta España, se encuentran enclavados en las instalaciones universitarias, y no deben cejar en su empeño de buscar soluciones ante tan impresionante desafío como el que hoy nos amenaza.

Por todo ello debe reflexionarse si el hecho de que algunos insolidarios estudiantes han montado fiestas multitudinarias sin control es razón suficiente para el cierre de las universidades a las que pertenecen. Tengamos en cuenta que la docencia se está impartiendo hoy dentro de unas medidas extremas de control y distanciamiento donde, de momento, no se han manifestado casos de contagio. Por tanto, vale la pena mantener esa semipresencialidad que permite el contacto personal, porque de lo contrario puede que los efectos a largo plazo de educar a una generación en el ensimismamiento y el aislamiento sea contraproducente para toda la sociedad.

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