Luces y sombras

Antonio Méndez

'Cloud'

LA nueva revolución se llama Cloud, nube en castellano. Así lo defienden algunos dirigentes de multinacionales y expertos en comunicación, en pugna soterrada por controlar ese futuro universo digital. Una nueva era sin ordenadores. Sólo pantallas, teclados y claves para acceder a infinidad de servicios, conocimientos, o incluso guardar los recuerdos personales en un espacio virtual infinito que alquilaremos a conveniencia.

Las exigencias tecnológicas han trastornado el vocabulario, plagado de palabras sin sentido. Antes con el ADN, el DNI y, si acaso, el WC íbamos servidos de acrónimos. Luego la sopa de letras. ONU, OTAN, UE, el INE, la EPA y el CNI; la EMT, el SARE, el MPM y ahora la reciente FLM. Aunque es más fácil asimilar como concepto Internet que, por ejemplo, Red Básica, merecedor de algún capítulo provincial del CSI costero.

Pero el bombardeo de iniciales es constante: PC, CD, DVD, GPS, PSP, DVX, IP, las variantes numéricas del MP, la USB, Wifi, Web, el iPOD, el iPAD, el 3D, HC y hasta CR9. Para que el fútbol no pierda la comba que para eso fueron pioneros con el GOL. Y en esto surge Cloud para transformar radicalmente nuestras costumbres. Un gran almacén cibernético sin fronteras ni limitación de espacio. Para los que creían que la información era el poder otros apuestan por conquistar el mundo sólo con guardarla. Ganarán las empresas que ofrezcan el mejor contenedor para alojar los contenidos.

Y me temo que en esta carrera por el dominio virtual el hombre ha descubierto que su propia especie sólo merece interés como cliente y es prescindible en la mayor parte de los procesos. Mejor crear clones o avatares. Cloude es poco original para los que crecimos con las profecías de Julio Verne. Nada mejorado respecto al orbe que nos ofreció la película Blade runner. Una nebulosa informática que quiere extenderse sin siglas.

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