Sin maldad

Constitución y franquismo

Camuñas estuvo menos de dos años al frente del recién creado Ministerio de relaciones con las Cortes

Ignacio Camuñas fue un político peculiar y fugaz. Estuvo menos de dos años al frente del recién creado ministerio de relaciones con las Cortes y, según las malas lenguas, no llegó a tener despacho propio, pasándose su jornada en el coche oficial de la Moncloa al palacio de San Jerónimo. En aquellos tiempos, el sustancial trabajo parlamentario fue el gran acuerdo constitucional y, que se sepa, el flamante ministro no tuvo intervención ni aportación alguna. Que un personaje así haya tratado de culpar de la guerra civil al gobierno republicano y exonerar a los golpistas no tendría mayor trascendencia. Pero el hecho llamativo es que lo dijo en presencia del líder de la oposición, quien lo recibió con una sonrisa y un ominoso silencio. Esa es la gravedad de lo sucedido; porque la política no suele ser el terreno de las casualidades, sino de las causalidades. Y este hecho, unido a los posicionamientos de equidistancia entre los unos y los otros que expresó el propio Pablo Casado, denotan un peligroso acercamiento de la cúpula del PP a las tesis más filo franquistas. La desesperada búsqueda del voto de extrema derecha y la obsesiva mimetización con Vox están llevando PP a frecuentar terrenos que desde la fundación de AP parecía haberse distanciado.

Como efecto compensatorio a esta deriva extrema, el grupo popular trata de erigirse en el verdadero y único defensor de nuestra Constitución, acusando a los demás de no respetar su espíritu y su texto, que, por cierto, en su día muchos de sus más reconocidos dirigentes no votaron. Pero mal casan estas dos opuestas y contradictorias estrategias. Nuestra Constitución es una absoluta enmienda a la totalidad al franquismo y al golpe de estado que lo gestó. La Carta Magna significa la recuperación de una sociedad democrática, digna y tolerante que el general Franco y sus secuaces nos arrebataron. Lo primero que exige la defensa del texto constitucional que nos devolvió las libertades tantos años ilegítimamente secuestradas es una expresa y firme condena del régimen franquista, sin silencios y sin sonrisas. Por eso suena tan hueca y tan falsa tanta proclama defensora de la transición y su expresión legislativa en personas que están dispuestas a justificar el pronunciamiento golpista de 1936 y su secuela de represión y dictadura. Es evidente, por más piruetas dialécticas que se intenten, que Constitución y franquismo son elementos irreconciliables. Por si alguno acaricia lo contrario.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios