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Postales desde el filo

Cornellá, Vigo o Cádiz

¿Cómo han dejado en manos de la derecha la idea de España, de sus símbolos y de la cohesión territorial?

En el comunicado que explica su renuncia a ir en las listas de Comú Podem, el senador Óscar Guardingo, además de declararse no independentista, afirma que Podemos y sus confluencias necesitan un proyecto de país que sea lo mismo para Cornellá, Vigo o Cádiz. No se puede explicar mejor, ni con menos palabras, las razones políticas de una renuncia. Eso es saber poner el dedo en la llaga. Por que probablemente el mayor problema de Podemos, como fuerza política de ámbito español, es efectivamente su incapacidad para formular un proyecto de país. Algo que pretenden justificar afirmando que España no existe como entidad, que sólo es la suma de sus partes. En realidad confunden el país con su organización, que más que un partido es un conjunto desvertebrado e inorgánico de movimientos y mareas de distintas procedencias. Con una presencia notable en comunidades con fuerte implantación nacionalista, como es el caso de Comú Podem, vinculadas a lo que podríamos llamar izquierda identitaria. Al no existir España tampoco hay un demos español y el contrato social se fragmenta por territorios: los ricos con los ricos y los menos ricos, etc. Su sentido de la solidaridad es excluyente ya que no traspasa, en ningún caso, los límites administrativos de sus comunidades: sus deseadas fronteras. Un izquierdismo de política de campanario. Para esa "izquierda" la solidaridad no es una cuestión entre los ciudadanos que más tienen y los que menos, sino de territorios y balanzas fiscales.

Esa falta de idea de país, que denuncia el dimitido Guardingo, explica en gran medida el rápido deterioro de Podemos. La pregunta que hay que hacer a la izquierda en su conjunto, es que ¿cómo han dejado en manos de la derecha la idea de España, de sus símbolos, de su unidad y cohesión territorial, y de la igualdad entre los españoles? Cuando es evidente que la mejor forma de aplicar el programa de la izquierda es con gobiernos centrales fuertes, capaces de asegurar la progresividad fiscal, la unidad de mercado y la redistribución territorial. El problema no es la existencia de nacionalismos periféricos -del otro hablaremos otro día- sino que buena parte de la izquierda haya comprado su mitología, traicionando sus valores originales, a cambio de un puñado de votos. Tan difícil es entender, como dice el dimitido dirigente de Comú Podem, que un proyecto de izquierda tiene que valer igual para Cornellá, Vigo o Cádiz.

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