Club Dumas

Cosas de ciudad

Cuando volvemos a salir de nuestro cautiverio, descubrimos que los límites del hogar se quedan cortos

En memoria del genial escritor y mejor compañero y amigo Pablo Aranda). En los años 70 se produjo el invento y la proliferación de un arma realmente temible: la bomba de neutrones. A todos nos impresionó la creación de algo que mataba sólo a las personas pero dejaba intactos vehículos, infraestructuras o industrias. Y por ello obtuvo un rechazo internacional importante. Sin embargo, hoy vivimos una destrucción lenta e inmisericorde, cuyos efectos son nuevamente la muerte de seres humanos y la supervivencia del resto de animales y objetos ¿acaso no es ésta una vanguardista recreación de aquella bomba de neutrones?

Cuando volvemos a salir de nuestro largo cautiverio, vamos descubriendo que los límites del hogar se quedan cortos. Vuelve a existir la ciudad, sus playas, sus calles y sus gentes. Y nuevamente nuestros intereses dejan de ser únicamente la supervivencia personal para trascender a lo público y a lo global. Ver de nuevo, al caminar por pueblos y ciudades, a otros conciudadanos que, desde la atalaya de sus mascarillas, nos tratan de transmitir con la mirada una intensa sonrisa o un cortés saludo, es una experiencia edificante. Parece que la vida vuelve a reivindicarse, que el contacto personal nos hace más humanos, y que el encuentro con la realidad calma los duros momentos pasados.

Es evidente que la incertidumbre sigue ahí, que el derrumbe de la economía española ha sido tremendo y que esta situación será difícil de superar. Pero algunas comparaciones son engañosas. Decir que sólo durante la guerra civil hubo un descenso de este nivel es correcto numéricamente, pero hoy no hay un enfrentamiento bélico por medio, ni se han destruido las infraestructuras y los sistemas de producción o comunicación. Vamos a salir de ésta, pero con todos los medios inalterados, y eso no es lo mismo que el desastre que trae aparejado una guerra. Probablemente haya políticos demasiado jóvenes que necesiten seguir alentando el odio y los conflictos ideológicos, porque así justifican sus suculentos emolumentos. Pero el resto de la sociedad tiene preocupaciones más cortoplacistas que necesitan una mejor gobernanza.

Inventarse comisiones inexistentes, dañar permanentemente a nuestro sector turístico o desconocer las reglas de juego europeas pasan siempre factura. Y mientras, los verdaderos sufridores, la ciudadanía, sigue tratando de adaptarse a estos tiempos, perdiendo el miedo y ganando el respeto que la pandemia merece, pero en su justa medida.

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