Cenacheriland

Ignacio del Valle

Diciembre me desquicia

Diciembre deja ausencias (...), sitios vacíos en la mesa. Por eso y sólo por eso diciembre me desquicia

No sé cuántos divorcios se hornean a estas alturas del año. Ni tampoco como estallan nuevos amores con la alegría saltarina de las palomitas de maíz. Entre puentes y patronas inmaculadas con tanto festejo de constitución milf. Puro culebreo de ida, turismo y vuelta a la rueda de hámster. Diciembre amenaza convivencias forzadas, empatías bipolares y cuñados Espasa. Las aglomeraciones y los estreses electrificados, las pagas y extras a presión, el sorteo de la lotería hacia una cuenta corriente lisérgica, de las que blindan la risa. Las calles levantadas, por obra e intención de voto municipal, se brean con un tráfago bronco, impaciente con bullas hacia un minutero imposible. Locuras al volante, pedaladas suicidas bajo las palmeras, manillares a escape libre rumbo a la multa y policías locales de gafas y espejo de semáforo.

Diciembre banderillea la mala baba de carné B-2. En este patarriberío revuelto se viven escenas imposibles, de las que hacen creer en el fraternal y bondadoso espíritu de la navidad. Solidaridad. Bancos de alimentos llenos, Ángeles de la Noche acompañando la desgracia. Taxistas cediendo el paso con una sonrisa, conductores de autobús anticipando la pirula con estoica suavidad. Por contra, energúmenos de andar por fila, de esos que reclaman la superioridad del su turno cuando en el súper vocean: "pasen por orden de cola". Señores de cachemir de fin de semana que miran por encima del hombro con la arrogancia del no sabe quién he sido.

Diciembre siembra olores de castañas del Genal, polvorones de Antequera y malos humores de úlceras sangrantes. Días de pantagruel y resacas de más. Mañanas de sol que caen a plomada mediterránea secando toallas, arropando bañistas bálticos con piel de ámbar. Se acaba 2018 echando cuentas, pero sobre todo horas extra. Temporada cumbre de comercios y bebercios. Cenas de empresa de salir vivo del ERE.

Vacaciones con suspensos. Luces estroboscópicas por todas partes irradiando villancicos. Padres y madres pasándose la prole ante dos semanas de vacaciones largas y gritonas como tiras de espumillón. Criaturas excitadas con la ilusión de un Santa Noel regaloso. Y los inocentes. Todos somos inocentes en diciembre. Brindamos por las felices fiestas, las broncas de nochebuena y un próspero ibi nuevo. Diciembre deja ausencias, muertos recién hechos de seres queridos. Sitios vacíos en la mesa. Por eso y sólo por eso, diciembre me desquicia.

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