Club Dumas

España necesita mejorar

Con estos códigos hemos decidido un nuevo colapso digital en las fronteras del país líder en turismo

Cuando empieza a moverse de nuevo el turismo internacional entre países europeos, la propia Unión ha decidido crear un documento digital para la localización de pasajeros en cualquier país, tanto en su origen como en su destino. Este documento, cuyas siglas son EUplf, genera un código QR que permite una mayor agilidad en los aeropuertos, puertos o caminos de interconexión y vela en lo posible por el control del Covid transfronterizo. La sorpresa es mayúscula cuando ves que los países europeos que así lo deseen pueden acceder a estos datos, pero España no solo no lo hace, sino que crea una aplicación alternativa, con los mismos datos facilitados, para que haya que rellenar nuevamente toda la información.

Ya es de extrañar que, a la hora de hacer uso de la aplicación europea, entre los idiomas que sugiere para introducir los datos no aparezca el español, pero sí el inglés (debe ser que los ingleses que se fueron con el Brexit siguen mandando más que los españoles que permanecemos en Europa). Pero es de suponer que la conservación y custodia de estos datos es de toda la Unión Europea, por lo que tiene sentido que el código final generado, junto al pasaporte Covid, fueran identificativos para cualquier estado miembro. Pero al llegar de nuevo a España te das de bruces con la patética realidad administrativa de nuestro país: te retienen en el aeropuerto en una zona franca para que rellenes de nuevo, con la aplicación española SpTH, todos los consabidos datos de viaje. Como dicha aplicación falla recursivamente, al menos se ha facilitado en inglés, para que así se puedan carcajear de nosotros la mayor cantidad de europeos posible.

Esto nos recuerda a aquellos tiempos pasados donde España decidió, en el informe Subercase de 1844, poner un ancho de vía de tren diferente al resto de Europa. Y por ello eligió la medida que se iba a imponer en la India e Inglaterra, países cuyas fronteras con España son ampliamente desconocidas. Esto produjo más de un siglo de retraso en el intercambio ferroviario con nuestros vecinos. Ahora, con estos códigos incompatibles, hemos decidido un nuevo colapso digital en las fronteras del país líder en turismo internacional, dando ejemplo de un tercermundismo que no existía. Arreglar este desaguisado es sencillo, y no es aislándose del mundo, porque como diría Paulo Coelho: "Si crees que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal".

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