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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

Españas vacías

Lo que se esconde bajo el lema de la 'España vacía' es el desmantelamiento de los servicios públicos

Es cuanto menos curioso el modo en que la expresión España vacía, o la más cargada de intenciones España vaciada, se ha popularizado entre analistas, tertulianos, tuiteros e informadores de diverso pelaje. En plena era del homo hashtag, la realidad se desplaza a bordo de lemas cuya eficacia queda contrastada a tenor de su virtud viral; y lo cierto es que la marca ha logrado imponerse en los discursos con naturalidad pasmosa. A veces, sin embargo, se pregunta uno a qué se refiere cierta gente con lo de la España vacía. Lo malo del fenómeno viral es que el significado de los términos se diluye a velocidad directamente proporcional a la del éxito del significante, hasta que quedan repetidos hasta la saciedad sin que ya puedan aspirar siquiera a decir algo. A menudo encuentro referencias a la España vacía justo en la latitud contraria a la que afirmó Sergio del Molino en su imprescindible y siempre recomendable libro de igual título. Con la nueva crisis del campo y las revueltas de los agricultores a cuenta de su ya prácticamente nulo reconocimiento financiero en el procedimiento que abarca desde la siembra del producto hasta su consumo, muchos (que, sospecho, no han visto el campo ni de lejos) acuden a la marca como una muletilla efectiva, con cierto tono urbanita y paternalista, para, claro, al final no decir nada.

Ya que estamos, sin embargo, igual podemos reparar en lo que realmente se esconde bajo la expresión España vacía, o vaciada, que no es otra cosa que el progresivo e inflexible desmantelamiento de los servicios públicos en las áreas rurales de España. O tal vez habría que decir de las Españas, porque el desmantelamiento ha sido, como casi todo en este país, ferozmente asimétrico. En los últimos treinta años hemos asistido así a una brutal reducción de las infraestructuras sanitarias, educativas y de transportes en estos espacios, habitualmente alejados de la atención de los medios de comunicación más influyentes y tenidos en cuenta (la prensa local, que ha denunciado desde siempre este atropello, ha sido mirada con desprecio desde los ejes capitalinos también por esos mismos medios de comunicación), con lo que si alguien hacía ruido nadie interesante se iba a enterar. La España vacía ha sido durante todo este tiempo el negocio perfecto. Pero, claro, si te quitan el centro de salud, el colegio y el tren, por mucho que pagues tus impuestos, lo normal es que quieras largarte y buscarte la vida en otro sitio.

Así que ahora resulta casi enternecedor ver a todos esos sociólogos y opinadores de lustre llevándose las manos a la cabeza por la España vacía. Venga. Invita la casa.

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