DURANTE el año 2009 se incrementaron hasta un 30% las ayudas que concede la Junta de Andalucía en concepto de salario social. Va destinado a paliar la grave situación de familias sin recursos, se otorga por un periodo máximo de seis meses y su cuantía es escasa, oscilando entre los 392 y los 633 euros mensuales, en función del tamaño de la unidad familiar que la recibe. Pero no habíamos tocado fondo. En lo que va de 2010 la Consejería de Igualdad y Bienestar Social ha tenido que ampliar el presupuesto de esta partida, ya que ha recibido hasta 34.000 solicitudes. No es el único dato que retrata la pobreza de los sectores sociales desfavorecidos de Andalucía. Más de un cuarto de millón de andaluces pidieron auxilio en 2009 a Cáritas, una organización no gubernamental vinculada a la Iglesia católica que viene realizando una labor impagable. La cifra supone un 43% más que en el ejercicio precedente. Cáritas, con la que colaboran nueve mil voluntarios, empleó 26 millones de euros para atender las necesidades más perentorias de estos andaluces, excluidos del bienestar de la sociedad o en riesgo inminente de exclusión. El perfil de los demandantes de estas ayudas, tanto de la Administración como de las organizaciones beneméritas, ha ido variando conforme la crisis se cebaba en nuestra comunidad autónoma. Ahora acuden a las instancias oficiales o a las parroquias de barrios y pueblos personas que estaban trabajando con regularidad, incluso disfrutando de salarios más que dignos que les permitían afrontar una hipoteca, y a quienes la crisis ha expulsado del mercado laboral, encontrándose sin empleo, a veces sin estar de alta en la Seguridad Social e imposibilitados de hacer frente a los gastos de alquiler, créditos o suministros de agua y luz. Estamos ante una nueva pobreza que va desestructurando las familias, generando crispación social y fomentando un pesimismo acrecentado sobre las posibilidades de normalización. Es prioritario atender a estos andaluces, cuya existencia es un baldón para una región que hace poco presumía de vivir bien y a cubierto de las coyunturas. Era un espejismo.

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