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Desde la madriguera

Ignacio del Valle

Falta de policía

Cada miembro de la tripulación se solapa por los espacios domésticos. Al heredero que no le gusta asomar por estas líneas tiene su covachuela envasada al vacío y en aparente orden de revista según los protocolos de la paisana que manda.

Los hábitos se llevaban bien en la madriguera submarino neotiesa. Al dedillo de los consejos de la gente efectiva de Stephen Covey. Hasta que me pillaron en chándal en horario laboral. Los genes austrohúngaros de la capitana de esta compañía de infantes de marinad’or con sus poderes superwoman saltaron las alarmas con un parco: así no. Caí en la tentación del gordito sportivo y olímpico de sofá. Cachis ya que cumplía veintiún días de confinamiento y parecía que ya teníamos la convivencia controlada. La madriguera funciona como un coworking clandestino. Cada miembro de la tripulación se solapa por los espacios domésticos. Al heredero que no le gusta asomar por estas líneas tiene su covachuela envasada al vacío y en aparente orden de revista según los protocolos de la paisana que manda. El muchacho da señales de vida laboral dándole al teclado lo suyo. Nuestra líder suprema se apropia del gabinete de las empanadillas para preparar un rancho hipocalórico, sabroso (síntoma de que estamos covidsanos)  y nutritivo. Pero antes de enfundarse el mandil también ejerce su derecho privativo en el gabinete de los horrores alias despacho. Nos vamos trasladando de una pieza de la madriguera submarino neotiesa a otra con una sincronía horaria balletzoom, cada uno en su lebensraum y Dios en el de todos. Creciendo las manías y fobias enredaderas con el confinamiento confitado. La obsesión mía es que no puedo redactar una frase escrita si no hay ducha que me depure la empanada mental. Pero, ay de mí, me salté el protocolo convivenciario y me pilló mi señora con un outfit tripalosky a muchas horas de distancia del olor a fritanga del step by step. Estuve a punto de conseguirlo. 21 días de disciplina que hacen el hábito en nuestro conventillo. Una falta de policía por desaliño. Me voy preparando para cumplir el arresto en el escobero.

 

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