Postales desde el filo

José Asenjo

Filtradores

EL ministro de Justicia se ha apresurado en rectificar unas declaraciones que sonaron como una amenaza a la libertad de prensa. Es evidente que si un medio de comunicación posee una información que considera de interés su obligación es publicarla. Sólo puede ser responsable de las filtraciones de sumarios quienes tiene la obligación de custodiarlo, quienes, por otra parte, está constitucionalmente obligado a garantizar una tutela judicial efectiva. Sobre todo, en los sumarios declarados expresamente secretos mediante resolución judicial, cuando ni las partes personadas pueden acceder a los mismos durante el periodo determinado por el juez, según lo establecido en la ley procesal. Que con tanta facilidad se incumpla la ley, no sólo entorpece las investigaciones judiciales, sino que cuando se trata de asuntos de gran notoriedad pública la información llega sesgada a la ciudadanía: las filtraciones suelen ser parciales y selectivas. Los medios, a su vez, seleccionan aquello que según su criterio tiene mayor interés. De ese material se nutren de contenido las muchas horas de tertulias de radio y televisión. En tan graves asuntos, se crea opinión mediante una información suministrada de forma arbitraria e incompleta.

Los ciudadanos tienen el derecho a conocer los asuntos que se juzgan, especialmente cuando se trata de casos de corrupción en los que están implicados responsables políticos acusados de malversar fondos públicos. La cuestión es si se trata de un sano ejercicio de transparencia o cabe preguntarse si la información que nos llega puede haber sido administrada para desviar la opinión hacia aquello que interesa al filtrador. La pregunta es quién vulnera el secreto sumarial y con qué intención. Si hablásemos de políticos en seguida pensaríamos que lo hacen por su propio interés y para lucrarse; dado el volumen de información que sale se pensaría que hay toda una industria de la filtración. Lo cierto es que cuando los documentos salen a la luz de forma inadecuada mientras se instruye una causa, se multiplican los efectos, ya de por si devastadores, de los escándalos de corrupción. Según Byung Chul-Hang : "Más información, más comunicación no elimina la fundamental imprecisión del todo. Más bien la agrava". Para la ley sólo son públicas las sentencias. Algo inimaginable ante de asuntos judiciales de gran impacto mediático. De hecho, nos hemos acostumbrado a que suceda justamente lo contrario.

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