"Flexibilidad" arqueológica

Un escándalo supuso la eliminación en 1987 de sillares de la muralla nazarí y el muro portuario en la obra de la Marina

De todas las batallas que ha emprendido el alcalde de Málaga en estos 18 años de mandato, sólo creo que puede perder una: su obsesión por convertir el Convento de la Trinidad en el gran museo arqueológico de Málaga y sacar esa sección del Museo de Málaga, en el Palacio de la Aduana. No significa que el resto de pugnas las haya ganado, pero las que no consigue sacar adelante, según sus propósitos, quedan en un limbo a la espera de que se dé la oportunidad de rescatar su postulado.

Francisco de la Torre es un enamorado de la arqueología. Siempre que los hallazgos de restos centenarios no le condicionen las obras. Como sucede con la peatonalización de parte de la Alameda Principal y la necesidad de colocar un colector que colisiona con los sillares del fuerte de San Lorenzo, una construcción del siglo XVIII, levantada como defensa de la ciudad ante los ataques de piratas ingleses. El muro pereció un siglo después, porque los constructores de la prolongación de la Alameda Principal no estimaron en aquella época que unas centurias después aquellos vestigios serían significativos para documentar la historia de la capital.

¿Hay que primar el patrimonio por delante de un colector, aunque el fuerte continúe enterrado para la posteridad y el obstáculo que representa requiera casi 6 millones de inversión y dos meses más de trabajo? De la Torre pide a Cultura de la Junta "flexibilidad", un eufemismo que no sé exactamente qué significa. Aunque los ejemplos que se exponen nos invita a deducir que en ocasiones se impone la vista gorda. El regidor se refiere a los vestigios aparecidos en la ampliación del Museo Picasso. Asegura que se pudo compatibilizar el descubrimiento con la rapidez que exigía la obra. Pero siempre se extiende la sospecha de que cuando el pasado fue incompatible con el futuro, la batalla la perdió la historia. El otro ejemplo es el aparcamiento de la Plaza de la Marina. Una actuación por la que el entonces alcalde Pedro Aparicio acabó expedientado por Junta después de que las excavadoras acabaran con varias hileras de sillares de la muralla nazarí y del muro portuario. Sucedió en 1987 y el alcalde ni siquiera quiso inaugurar el estacionamiento cuando se concluyó en 1989. Con el paso del tiempo y superada la presión mediática, el Gobierno andaluz, del PSOE, dio sigiloso carpetazo a la investigación contra el también munícipe socialista.

Los restos arqueológicos siempre han sido una pesadilla en Málaga. También proporcionan gratas noticias, como en Estepona esta semana con la aparición de una huella de un tsunami datado en la zona en el siglo IX. Con las posibilidades de documentar y recrear digitalmente los hallazgos, si no es factible ponerlos en valor o rescatarlos para exponerlos en otro lugar, ¿hay que condicionar las infraestructuras a su preservación? Pero temo los criterios "flexibles".

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