En los últimos cinco años celebramos cuatro elecciones consecutivas hasta poder formar gobierno, el primero de coalición de nuestra democracia. Un ejecutivo apoyado en una mayoría parlamentaria precaria, lejos de los 175 votos necesarios para aprobar los presupuestos. Razón por la que sabemos menos del contenido de éstos que de los movimientos del gobierno para sumar los apoyos. Ya que si es importante aprobarlos no lo es menos cómo y con quién lo apruebas. De lo que no hay duda es que, si son importantes para el gobierno, aún lo son más para el país. Sin ellos se vería todavía más debilitada nuestra capacidad para afrontar los pavorosos retos que nos aguardan en los próximos meses. Lo normal, en una situación de emergencia como la que vivimos, sería sacar unos presupuestos con el apoyo unánime de la Cámara. Pero no vivimos tiempos normales y, si los viviésemos, probablemente tal cosa tampoco ocurriría. La lógica de la política es distinta a la de la sociedad.

Al ser un momento decisivo de la legislatura es normal que los partidos que forman el gobierno tengan intereses y visiones distintas: UP prefiere aprovechar la ocasión para reafirmar la mayoría de la investidura, una compañía que le proporciona mayor protagonismo y más visibilidad. Al PSOE, por su parte, le convendría romper la lógica de bloques y sumar al pacto a C´s, lo que les abriría más posibilidades y le permitiría evitar algunas compañías peligrosas cuyos intereses pueden llegar a resultar antagónicos a los de los socialistas, por no mencionar a los del propio Estado. Si nuestra democracia ha funcionado razonablemente bien durante estas décadas ha sido como consecuencia del pacto constitucional, que no es otra cosa que el consenso en torno a algunos asuntos básicos para la estabilidad del sistema democrático. Ninguno de esos principios lo comparten las fuerzas políticas que conformaron la mayoría de investidura. Esa es una realidad incómoda para el PSOE, pero no es menos cierto que si los naturales escrúpulos morales e ideológicos, de los socialistas del gobierno, les llevase a renunciar a esos apoyos, podría acabar rehén de una derecha que no se lo pensó dos veces a la hora de pactar con Vox para formar mayorías conservadoras. Gobernar es enfrentarse a la complejidad, sobre todo si, en una situación de extrema polarización política, careces de suficientes apoyos parlamentarios.

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