Mitologías Ciudadanas

fABIO rIVAS

Harry el Sucio, en Málaga

Supongo que recuerdan a Harry el Sucio, el personaje interpretado por Clint Eastwood, que se tomaba la justicia por su mano. Es obvio que si todos, de ser capaces, nos tomáramos la justicia por nuestras manos, esto sería la guerra de unos contra otros y de todos contra todos: la barbarie. O sea, que me repudia el hecho de que alguien, como si de un Harry el Sucio se tratara, se tome la justicia por su mano (por muy "justa" que sea la causa). En fin, esta es una fuerte convicción de mi "yo" adulto y civilizado, a la que intento mantenerme fiel con todas mis fuerzas, pero… -siempre hay un pero-, uno nunca deja de ser el niño que fue, el que creía que el mundo era bueno, bello y justo; el niño que veneraba la rebeldía justiciera de los más débiles, de los que -como Espartaco, Robin Hood, el Jabato o el Capitán Trueno- no podían recurrir a otras instancias y se tomaban la justicia por sus manos. Así que, cuántas veces no me habré sorprendido a mí mismo fantaseando ante una situación que estimo injusta u ofensiva, que soy una especie de Rambo o un experto en artes marciales y cosas similares a esas, y de un buen tortazo restablezco el orden injustamente transgredido. Bueno, nadie es culpable ni de sus sueños ni de sus fantasías, los cuales nos sirven para endulzar los sinsabores de la vida, que no son pocos.

Todo esto viene a colación por el caso de esa mujer de 52 años, malagueña por más señas, que -según informa la prensa- hace unos días, después de que su sobrina de 13 años le contara que el padre de una compañera de colegio la había estado toqueteando, y de averiguar que el susodicho se dedicaba a la albañilería, concertó una cita con él para que le realizara una pequeña reforma en el cuarto de baño y, una vez allí, cuando el hombre se aprestaba a iniciar la tarea para la que había sido contratado, le asestó una buena tanda de palos, adobados con la encomienda justiciera de "nadie abusa de mi sobrina". La historia acaba con la mujer, que desde el principio reconoció gallardamente ser la autora de la somanta de palos, detenida por un presunto delito de homicidio en grado de tentativa y puesta posteriormente en libertad con cargos y sin medidas cautelares, y con el lúbrico y bigardo albañil -que al principio lo negó todo, incluso que sus sangrantes heridas fueran el corolario de su sinvergonzonería, aduciendo de forma prosaica y posibilista que le habían sido ocasionadas en un intento de atraco que acababa de sufrir- detenido y también puesto después en libertad con cargos, e investigado por un supuesto delito de abusos (al parecer, nuestro alarife tiene varios antecedentes policiales por esta clase de delitos), y con una orden de alejamiento de la menor.

En fin, saliendo del berenjenal en el que me he metido: salvo en la fantasía, no podemos recrear la ley de la selva, pero -siempre hay un pero. Ya lo dije al principio-, como cada uno tiene sus síntomas y debilidades ¡Qué le vamos a hacer…! a mí esa mujer malagueña, no sé si exquisita, me conmueve y despierta mis simpatías (me refiero -por supuesto- a las del niño que fui y que sigo siendo). Así que, en mi fantasía, por un momento le echo una mano a Harry el Sucio en su quehacer justiciero, y me quedo tan pancho.

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