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Hospital profesionales sanitarios

Tras varias décadas cacareando (los gobernantes) la excelencia del Sistema Nacional de Salud (SNS), mientras reducían su financiación o se privatizaba todo lo que de él se podía extraer como beneficio económico, en plena crisis del coronavirus podemos constatar dos realidades aparentemente contradictorias: que el SNS ha mostrado obscenamente sus déficits y sus grietas, y que los mismos profesionales del SNS que durante los últimos años lo han mantenido a flote, son los que en este momento han sabido estar con profesionalidad y denuedo en el lugar que les correspondía.

Sí, el SNS ha mostrado sus grietas. Dividido en 17 reinos de taifas, mermado en recursos (desde 2009 se han perdido unos 15.000 millones de euros); con un gasto sanitario en 2017 del 6, 24% del PIB y 1.617 euros per cápita -en Andalucía, y dado que cada comunidad autónoma tiene su propio presupuesto sanitario (eso se llama "igualdad" de derechos y de oportunidades), el gasto por habitante fue de 1.166 euros. En Málaga, ni les cuento…-; mientras Alemania dedicaba el 9,48% del PIB y 3.879 euros per cápita; Francia, el 9,32%, y 3.278 euros per cápita); que solo en los hospitales públicos en el periodo 2010-2014, se perdieron 9.400 puestos de trabajo, mientras se cerraban 5.600 camas y se iniciaba una irresponsable y ruinosa política de privatización en el sector sanitario, sobre todo en Madrid y Valencia...

En fin, antes de que ganemos esta batalla, que no la guerra, pues esta clase de guerras nunca se ganan, salvo que cambiemos algunas prácticas sociales y, sobre todo, el modo en el que producimos bienes y servicios; antes de que se nos olviden los buenos propósitos redentores, hagamos justicia a los profesionales del SNS, a esa fuerza colectiva, altamente cualificada, valiente, que desde el principio ha estado en la primera línea de combate, a pesar de la falta de protección y de cuidados que han sufrido. De kamikazes, han sido calificados por el New York Times. Es obvio que los que mejor deben ir pertrechados contra los envites de las llamas son los bomberos, y nosotros hemos dejado a nuestros "bomberos" combatir el incendio vestidos con camiseta de manga corta. Sin guantes, sin mascarillas, sin EPIs, sin test diagnósticos… Cerca del 15 % de los infectados son sanitarios -con nombres y apellidos, con historias personales y familiares-. Imperdonable dejadez y desprecio que no deberíamos olvidar nunca.

Así que, cuando la pandemia se apague; cuando la cifra de contagio y de muerte doble por fin el cuello; cuando abracemos agradecidos a los profesionales sanitarios; cuando descubramos placas conmemorativas en no sé cuántas calles; cuando los políticos se harten (que nunca se hartan) de hacerse fotografías con ellos…, debemos recordar que el SNS necesita una revisión urgente, que su financiación debe ser finalista y en torno como poco al 7%, que el SNS podría depender del parlamento y no de los gobiernos de turno, que la situación laboral de los profesionales sanitarios y su remuneración económica debe ser reconsiderada, que… Y bueno, por qué no, cuando por fin se inaugure el nuevo Hospital Regional de Málaga -por cierto, ¿se entiende ahora porqué Málaga necesita ya ese nuevo hospital?-, qué mejor nombre puede lucir en su frontispicio que el de "Hospital Regional Profesionales Sanitarios de Málaga". Ya sé que solo es un gesto, puro nominalismo, pero por lo menos servirá para recordar a las generaciones venideras quienes fueron los primeros héroes de estos días aciagos.

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