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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Huelga contra la concertada

La huelga en la enseñanza convocada para el 4 de marzo por algunos sindicatos es sobreactuada y partidista

No hago más que mirar al mar estos días. Mi secreto anhelo es detectar ese "torpedo" que, al decir de los sindicatos de observancia izquierdista, ha lanzado el Gobierno autonómico a la "línea de flotación de la educación pública andaluza". Pero no hay manera. En el horizonte apenas vemos un tímido decreto de escolarización que facilita algo, tampoco mucho, la libertad de elección de los padres para llevar a sus hijos a un centro de educación concertada, sistema que al parecer es el culpable de todos los males de la pedagogía regional. Tampoco, pese a que insisto, consigo visualizar ese "odio a la educación pública" que, según ha escrito algún aspirante a cátedro en el baño público de las redes sociales, profesan Javier Imbroda y Juanma Moreno, próceres del cambio de la buena pipa. O estoy ciego o están mintiendo.

Lo digo ya: la huelga de la enseñanza convocada para el 4 de marzo por UGT, CCOO, CGT, Ustea, Codapa y el Frente de Estudiantes es sobreactuada, ideológica y partidista, y no tiene ningún arraigo en la realidad andaluza actual. Lo único que se pretende es desgastar al Gobierno que acabó con 40 años de hegemonía socialista y reeditar, de paso, la vieja difamación de que la escuela concertada parasita los recursos públicos para seguir perpetuando la desigualdad. Oculta, sin embargo, cuáles son los verdaderos torpedos que han atacado continuamente a la educación pública, empezando por el más nefasto de ellos, la implantación de una pedagogía de sesgo progresista que ha rebajado irresponsablemente la exigencia académica y la disciplina en el interior de no pocos centros. Hablar hoy en día con muchos profesores de instituto es desolador. Esto, por lo visto, no es un problema, pero sí que las Hermanas del Sagrado Floripondio reciban una subvención para desasnar a los niños andaluces.

Uno puede pensar de la concertada lo que quiera, pero no se puede obviar el éxito de este modelo de colaboración público-privada. Si miles de familias lo escogen es por algo que va más allá de la cuestión religiosa y el medro social. Los colegios concertados han demostrado que son útiles a la sociedad, que ahorran muchos costes a las arcas pública (más que causarlos) y que ofrecen a sus alumnos una buena educación académica y humana. Han colaborado lealmente con el Estado en la plena escolarización del país y en la formación de una ciudadanía responsable. Presentarlos como unos yonkis del dinero público es una patraña que debería avergonzar al que la difunde.

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