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Insurrectos

Cuando oigo contar las mentiras de los impulsores del 'procés' catalán me acuerdo de los rebeldes irlandeses de 1916

U NA vez, al mandar una carta desde la Oficina Central de Correos de Dublín, vi una placa que recordaba que en aquel mismo edificio, el Lunes de Pascua de 1916, los rebeldes irlandeses habían proclamado la independencia de Irlanda. Y durante seis días, unos 400 voluntarios mal armados y peor entrenados habían resistido allí los asaltos de las experimentadas tropas británicas, hasta que todo el edificio fue arrasado y los rebeldes se rindieron. Un mes más tarde, todos los firmantes de la declaración de independencia fueron ejecutados en la cárcel de Kilmainham. John Ford contó la historia en uno de los episodios de La salida de la luna, que es una de sus películas menos conocidas aunque a mí me parece una de las mejores.

Independientemente de las opiniones políticas que pueda tener cada uno, nadie podrá negar que los rebeldes irlandeses fueron gente muy valiente. Los firmantes de la declaración de independencia no tenían entrenamiento militar. Eran maestros, sindicalistas, oficinistas, contables. Dos de ellos eran poetas. Otro más era dueño de un pequeño expendio de tabaco y otro tenía una farmacia. El más joven estaba enfermo de tuberculosis; en su cédula de identidad, bajo el epígrafe de la profesión, se leía una sola palabra: "Caballero". Todos sabían muy bien a lo que se exponían, pero no dudaron en tomar las armas y enfrentarse a los ingleses que ocupaban Irlanda. Cuando les llegó la hora ninguno protestó. Todos aceptaron su destino.

Pienso a menudo en esos rebeldes irlandeses -Yeats les dedicó uno de sus mejores poemas: Pascua, 1916- cuando oigo contar las mentiras y las triquiñuelas de los impulsores del procés catalán. Ahora resulta que todas sus promesas eran falsas y que todos sabían muy bien que la declaración de independencia era una pantomima que no servía para nada. Yo creía que cuando uno se embarca en una causa así, que moviliza a millones de ciudadanos y que puede tener consecuencias muy graves en la vida de la gente, al menos tiene una cierta idea de hacia dónde quiere ir. Pero todo era falso. Nos hicieron creer que tenían apoyo internacional, solvencia económica y que resistirían contra viento y marea como hicieron los héroes del Levantamiento de Pascua. Todo era mentira. Y ahora de todos esos supuestos héroes sólo perdura el ridículo. Y la vergüenza. Y qué vergüenza.

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