Sine die

Juanma y Moby Dick

Ya lo advertía Lucano: no hay lealtad alguna entre los que comparten el mando; el poder nunca consentirá asociados

De la misma manera que Herman Melville comenzó su novela Moby Dick con el ya famoso llamadme Ismael, nuestro flamante presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha pedido al comenzar su andadura que se le siga llamando Juanma. Y no le falta razón, porque el panorama que se le ofrece por delante nada tiene que envidiarle al que se le presentaba al capitán Ahab, cuando al frente de su barco ballenero se echó a la inmensidad del océano en busca de la ballena que le había ocasionado la pérdida de su pierna y que causaba estragos en los balleneros que intentaban darle caza.

Tal trabajo tiene por delante el capitán Moreno y su tripulación, y tanta es su responsabilidad, que no ha hecho mal en iniciar su mandato de la misma forma que el célebre relato de Melville. Esperemos que no siga inspirándose en Melville y nunca se convierta en un personaje similar al escribiente Bartleby, que cada vez que tenía que enfrentarse a algún problema o era solicitado para algo, respondía con un monótono preferiría no hacerlo.

Cogido con alfileres y teniendo que tender a veces en alambre de espino, como se hacía antiguamente en los pueblos para que las púas sirvieran de sujeción a la ropa, corre el riesgo de pincharse y que se le infecte la herida. Muerte similar, aunque menos poética, que la que se le atribuye a Rilke causada por la infección que le sobrevino tras pincharse con la espina de una rosa. Pero la realidad es mucho más prosaica. No encontrará flores en su camino con las que pincharse, ni siquiera hierbas aromáticas con las que aliviar el olor nauseabundo del ambiente. El enemigo lo tendrá tanto dentro como fuera de casa, aparecerán contratiempos imprevistos y los amigos de nuevo que surgirán por todas partes, llegado el momento le darán la espalda, como ya estará comprobando nuestra anterior presidenta. Ya lo advertía Lucano: No hay lealtad alguna entre los que comparten el mando; el poder nunca consentirá asociados.

Esperemos que lo de aceptar el apelativo, en este caso afable y cercano, de Juanma no sea solo un gesto. Ya se hizo así con Tony Blair y no podemos culpar de ello al Brexit ni a la caída del Partido Laborista. Además llamarle Don Juan Manuel nos trasladaría a la prosa medieval; y del infante, fruto de los planes educativos vigentes, pocos habrán oído hablar ni les sonará su más famosa obra El conde Lucanor. Mejor dejar el mundo como está.

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