El cauce del río Guadalmedina no suele destacar por su limpieza. Enclavado en pleno centro de la capital, el curso fluvial es un territorio donde suele verse a personas paseando a sus mascotas. Ayer, la visión era otra: un puñado de voluntarios afanándose en acicalar la parte final del río. Durante la mañana, alrededor de media docena de personas sacaron varias bolsas llenas de basura.

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