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Málaga de Catar a Dubai, camino de la 'Torrización'

Lo babilonios hace muchos siglos ya nos descubrieron su interés por llegar al cielo. Y sólo necesitaron siete plantas

Nadie discute ya la crisis climática. Sus efectos se acortan en los tiempos. Los temporales devastan paseos marítimos por el Mediterráneo. Y el Gobierno afirma que las ciudades deben retroceder para protegerse del alza de las mareas y retranquear sus primeras líneas. Málaga, la capital que siempre vivió de espaldas al mar, ahora opta por asomarse al fenómeno desde arriba.

Si desde hace décadas ante las continuas riadas los expertos proponían como defensa planes de reforestación forestal, la capital de la Costa del Sol ha optado por fortificar su litoral con un plan de torrización. Inexpugnable incluso para la crecida del mar.

Tras el adefesio de los edificios de La Malagueta, la ciudad expió su culpa para las siguientes generaciones limitando, en general, a seis las alturas de sus construcciones. Ahora se ha iniciado una carrera por revertir esa realidad. Pero el problema es saber elegir los espacios para dar rienda suelta a la imaginación de los arquitectos.

Un rascacielos en la punta del muelle no puede ser el símbolo con el que se identifique una urbe. Para algunos el paisaje no es parte sustancial del patrimonio y se puede dilapidar si un grupo inversor, en este caso catarí, ve una oportunidad única de negocio en el privilegiado escenario. La modernidad o el siglo XXI no se pueden ligar a una escalada por acercarnos al cielo. Todo lo contrario. Los babilonios seis siglos antes de Cristo ya lo conquistaron con su famosa torre de Babel. Y sólo necesitaron siete plantas. Es como si para romper los moldes convocamos un concurso mundial de grafiteros para decorar las fachadas de la Catedral, un poco antiguas.

Ahora, eso sí con un diseño espectacular propio del autor, Ángel Asenjo, el Ayuntamiento nos muestra un muelle 4 del puerto colmado de torres y donde se divisan las palmeras. Unos 15 edificios con hasta 18 plantas. Un nuevo barrio con aires de la marina de Dubai, plagado de oficinas y zona comercial que se refleja como un espejo en la lámina del agua. A Málaga le fascina ahora el oriente. Y aplica la fórmula de los museos. Igual podemos ser una buena franquicia urbanística de los Emiratos.

La iniciativa se justifica en la búsqueda de recursos para afrontar la gran operación de soterramiento del tráfico en el eje este-oeste. En teoría para convertir el centro de la ciudad en un lugar más habitable y sostenible. Que la palabra viste. Pero resulta del todo un contrasentido casar estas dos historias. ¿Por qué a nadie le gusta los suelos de la feria para estos ensayos empíricos con cemento? En Málaga se abre camino un nuevo principio de Arquímedes según el cual todo espacio vacío experimenta un empuje vertical y hacia arriba similar al peso de la mole con la que se propone ocupar.

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