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Materia oscura

Para los héroes de la ANC, toda esa gente que no entra en su ridícula concepción del mundo es materia oscura

Doña Freda Jackson, una maravillosa octogenaria británica, ha denunciado a su agencia de viajes porque en Benidorm "había demasiados españoles"; y, claro, ante semejante provocación, la señora no pudo sino derramar unas tibias y amargas lágrimas de impotencia. Otro compatriota suyo, el plutócrata Jim Ratcliflle, entusiasta promotor del Brexit, se ha marchado con sus dineros a Mónaco, después de haber invitado a sus paisanos a vivir en una dulce autarquía, hija espuria de aquella gallarda insularidad que encarnó Churchill. Como se ve, en ambos casos (casos que el azar ha querido que sean británicos) nos encontramos con una cierto egoísmo infantil disfrazado de honesta reivindicación cívica. Es decir, en ambos casos nos hallamos ante una exigencia particular, atalajada con el solemne ropaje de lo público. Pero, sobre todo -y he aquí la gracia abismática del asunto- en ambos casos nos encontramos con una forma evolucionada del desprecio.

Desprecio a los españoles o a los europeos, por supuesto. Pero desprecio, en primer lugar, a esos compatriotas suyos que son capaces de convivir -sin la mediación salvífica de una escafrandra-, entre gentes que no son de su misma aldea. Los buenos chicos de la ANC, y otros conjurados catalanistas, no asistirán al homenaje a las victimas del 17-A, ya que el Rey de España acude a mostrar su respeto a quienes padecieron los atentados del año pasado. De ahí se deduce, como es lógico, que la ANC y demás tropa irredenta no tiene el menor interés en el infortunio de aquellas víctimas. Pero de aquí se deduce, en primer término, la intención de convertir en materia pública, en interés general, lo que no es sino mezquina expresión de un interés mezquino. Es fácil suponer que doña Freda Jackson o el benemérito señor Ratcliffe no son personas particularmente amables o generosas. Pero sólo cabe suponerlo. En el caso de la ANC, sin embargo, podemos afirmarlo sin ninguna duda: el sueño de una Cataluña retardaria y golpista es muy superior, es mucho más urgente, que la compasión que pudieran sentir por una gavilla de turistas. Y más si esos turistas son, como miss Jackson comprobó con horror, unos vulgares turistas españoles.

Digamos que, para los héroes de la ANC, toda esa gente que no entra en su ridícula concepción del mundo no es sino materia oscura, gravitante y maléfica. Como el universo de Heráclito, para los chicos de la ANC no somos más que "un montón de escombros, reunidos al azar".

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