EN el último encuentro off the record que mantuve con el alcalde de Málaga a finales de julio, pregunté a Francisco de la Torre por las novedades del nuevo curso político en el Ayuntamiento. El regidor, nada partidario de avanzar a un periodista algún proyecto en el que esté trabajando, me respondió que habría importantes en septiembre. Entonces le cuestioné por el Pompidou y agregó que a eso se refería con sus palabras. Deduzco que la incógnita con la que me dejó se despejó ayer: el anuncio oficial de la institución francesa de la intención de abrir en Málaga la primera sede del museo fuera del país galo.

De la Torre, de formación francófona, me relató hace tiempo que la posibilidad de competir por esta sucursal surgió cuando leyó en la prensa las intenciones del Pompidou de extender su influencia fuera de Francia. Un destino europeo o un país sudamericano eran las opciones que se barajaban para su implantación exterior. El alcalde de Málaga ha movido desde entonces cielo y tierra para conseguir el objetivo que ahora ha alcanzado, aunque el presidente del centro cultural parisino Alain Seban dejó ayer muy claro que la extensión sólo permanecerá en Málaga durante un máximo de diez años y seguirán su camino de expansión por otros lugares del mundo.

El Pompidou llega por el empeño personal del alcalde. Ficha una marca. Asocia el nombre de la capital de la Costa del Sol a un continente (y no me refiero al Cubo del Puerto) y no tanto a un contenido. Aunque la relación de autores de las 80 obras de su colección "semipermanente" a priori resulta sumamente atractiva.

Es la misma filosofía que presidió el proyecto del Thyssen de Málaga o que subyace en la próxima apertura de la sucursal de la pinacoteca de San Petersburgo, en Tabacalera. En este último la iniciativa ahora se ha vuelto más delicada, tal como están las relaciones entre Putin y la Unión Europea y cuando ésta última pretende aislar al dirigente ruso por su participación en el actual conflicto bélico que amenaza Ucrania. Me temo que promover acuerdos de colaboración con un museo estatal de Rusia en este momento resulta de lo más inoportuno.

Pero en todos los casos, a medio y largo plazo, creo que con el fondo de armario cultural de Málaga lo que en realidad se persigue es potenciar el atractivo turístico de la ciudad. A corto, que los proyectos que se quieren estrenar con urgencia antes de la obligada comparecencia ante las urnas en mayo de 2015, sean rentables en votos locales por la pompa que suponen y el impacto mediático que arrastrarán. Pero el coste será bastante elevado.

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