Las dos orillas

Novísima política

Los partidos ya no discuten con sus rivales, sino que ahora se pelean entre ellos mismos

Una vez que los partidos consiguieron formar un nuevo Gobierno (con el mismo Rajoy) se ha vislumbrado el final de la nueva política, pues los que se pusieron de acuerdo eran los de siempre: PP y PSOE. Una vez alejado el fantasma de las terceras elecciones (que se aparecía disfrazado con un gorrito de Papá Noel) hemos entrado en los tiempos de la novísima política. Consiste en que los partidos ya no discuten con sus rivales, sino que se pelean entre ellos mismos. Sin que sepamos a qué motivos ideológicos se debe, sólo que uno es de Pedro, otra de Susana, aquella de Pablo, ese de Iñiguito, y así.

Cada partido tiene su idiosincrasia para las peleas. En el PSOE siempre se lían cuando están en la oposición, jamás en el poder. Pues quien se mueve no sale en la foto, y eso se sabe desde que lo recordó Alfonso Guerra. Sólo se mueven cuando no hay foto. Desde que por fin se dieron cuenta de que con Pedro Sánchez nunca volverían al poder, ni a la foto, este hombre ha dejado de interesar. Aunque él sigue viajando, para distraerse. Mientras la señora Díaz ya está distraída, según Juanma Moreno.

En el PP, como es un partido concebido para mandar y seguir mandando, pasa lo mismo de la foto. Nadie se mueve cuando hay reparto. Por lo que las disputas son subterráneas, y con final previsible. Se dice que compiten dos mujeres que van a muerte con los suyos: Soraya (a la que han puesto una casa en Barcelona) y María Dolores (a la que han otorgado mando en plaza militar). A ellas sólo las pone de acuerdo un hombre, Mariano, por lo que este trío resulta raro. A sus votantes les trae sin cuidado. Piensan que los suyos son de Guatemala y los otros son de Guatepeor.

En Podemos yo no lo entiendo del todo, porque los amigos y los enemigos cambian de un día para otro. Nacieron para conquistar los cielos. Y hay tuiteros, frikis, comunistas y un montón de colegas a su manera. La disputa entre Pablo Iglesias e Iñiguito Errejón es un duelo desigual, que en otra vida anterior hubiera terminado con el angelito caído recibiendo un carné del PSOE. Pasó con otros que bajaron de los cielos rojos. Y cosas más raras se han visto, como que Verstrynge pasara de ser el muñidor de Fraga en AP a simpatizar con Podemos.

En Ciudadanos, que es un partido para apaciguar (y no se les apetece un Ministerio), algunos díscolos critican a Albert Rivera. Así terminó Rosa Díez. En fin, tengan tranquilidad, que van a reformar la Constitución con todos peleados.

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