Nuevos tiempos

Hoy España vive una nueva situación de complejo encaje político, pero sin haber pasado por las urnas

Decía en sus ejercicios espirituales Ignacio de Loyola En tiempos de desolación no hacer mudanza refiriéndose al peligro de tomar decisiones en momentos de incertidumbre. Hoy España vive una nueva situación de complejo encaje político, como en tantas otras ocasiones, pero sin haber pasado por las urnas. De ahí que la capacidad para dar respuesta por parte de nuestros representantes, ante el nuevo panorama que se abre, indicará la talla de cada uno, dado que la responsabilidad será únicamente suya.

Ha bastado una semana para que alguno cayese en la cuenta de que la indecisión no es buena consejera. Por mucho que se aferren al dogma de saber medir los tiempos, a veces el tiempo nos barre inmisericordemente. Y cuando llega esa soledad del líder destronado ya es tarde para echar las culpas a cualesquiera circunstancias. Para los ciudadanos probablemente hubiera sido más positivo ir a nuevas elecciones, pero la soberbia política fue incapaz de darnos esa oportunidad. No se puede por tanto argumentar que todo se hizo por España, puesto que a los españoles ni siquiera se nos permitió opinar. Ahora contemplaremos como se reparten la herencia los que llegan, aunque estos herederos no han sido nunca de compartir lo más mínimo, territorialmente se entiende.

Tras ver como en Italia se imponía un gobierno de unidad entre la extrema izquierda y la extrema derecha, que ya les vale, parece que aquí nos ha entrado un poco de envidia. Ahora nosotros podremos ver a los conservadores vascos y sus vecinos de EH Bildu sentarse con toda la amalgama catalana y la marejada de Podemos para decidir como se gobierna el país. Si Pedro Sánchez alguna vez logró saber que era el controvertido federalismo asimétrico, ahora lo va a conocer de lleno. Los apoyos recibidos no son gratuitos, por mucho antiPP del que presuman en sus futuros encuentros, y esa excusa aglutinadora llega hasta que haya que repartir los sillones y los cargos. En ese momento se podrá observar cual es la factura a abonar que le han pasado y cual es la habilidad del gobernante para no quedar relegado a un papel secundario. Las soflamas del discurso de Pedro Sánchez sobre europeísmo y constitucionalismo nacieron vacías, porque ningún socio se las va a permitir, y difícilmente le perdonen cualquier apoyo del PP o Ciudadanos para ello. Por tanto el unidireccionalismo está asegurado pero ¿en qué dirección?

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