ABarack Obama nadie lo deja tranquilo. Desde su elección habrá recibido consejos, sugerencias, "hazlo así, hazlo asado", como para llenar un pantano. Por eso, copiando a los chinos con su año del Cangrejo, del Escorpión o el Dragón, con sus influencias en los destinos humanos, varios amigos hemos decidido designar al 2009 el año de Obama. A ver qué pasa y qué nos trae a todos. Su figura de junco, su cara ingenua, su voz acariciadora y el gesto sencillo al exponer los graves problemas, denotan mando y confianza a pesar de los trajines de los críticos, analistas e impacientes por verle torear los bombazos de Afganistán, Iraq, Gaza o el descaro de Guantánamo. Y nada digamos de la reina de las crisis, la de la economía, la de los descalabros globales con las guindas de los elegantes estafadores Lehman Brothers y Bernard Madoff. Viendo a tanta gente metiendo prisa, enloquecida, agitándose desde la barrera con soluciones dispares, sin arriesgar nada, sin apostarse siquiera un café, dan ganas de gritar ¡alto!, aguardar a su toma de posesión y dejarle respirar por lo menos, no asfixiarlo todavía. A raíz de las elecciones americanas el protagonismo lo compartían el color de su piel (cuándo abandonaremos los blancos la gilipollez del colorido), el perrito prometido a sus dos juguetonas chiquillas, su Michelle, de estampa tranquila, de buena planta, una mujer de bandera, ¡vamos!, a la que los modistos se la rifan con sus diseños de modelos. Mas con los primeros pasos todo esto ha variado y sus nombramientos han dejado ya a muchos con la mosca en la oreja, haciéndolos virar a la política seria. Sin ir más allá, la designación de Hillary Clinton al frente del Departamento de Estado, el de los sustos, las guerras y miniguerras, la cocina de condimentar amigos o enemigos (los vaivenes de la política son imprevisibles), ha alimentado resquemores, lágrimas, recelos y muchos silencios. Los más audaces críticos, los que ven los toros desde la barrera, han dejado tan abierta su opinión que igual sirve para las verdes que para las maduras; y eso no vale. La Hillary posee experiencia, don de gentes y aguante. Mucho pasillo y calle completan su personalidad. A la diplomacia internacional le ha dejado Papá Noel un gran regalo.

Con esa carita de no haber roto un plato en su vida, Obama anuncia medidas de gran calado contra la tormentosa herencia de su antecesor. Éste recibió de Bill Clinton un superávit de 200.000 millones de dólares, bonita suma a la que le ha cambiado el signo, convirtiéndola en un socavón sin fondo. EEUU tiene ahora una púa de centenares de miles de millones y habrá de reembolsarla tarde o temprano. Las relaciones con Europa aflojaron casi desde el principio del mandato de Bush, y es que el hombre tiene cierto gafe y donde pone la mano, mete la pata. Dos o tres charlas televisivas de despedida o de leve entonación del mea culpa le han valido para callarse y no seguir hablando por su falta de gracia, por mostrarse desangelado sin querer. Debe reconocérsele, en cambio, una revelación de última hora, sus dotes de esquivador: ni uno de los dos zapatazos del loco lanzador iraquí le alcanzó a pesar de la corta distancia.

Y Obama, que ha de pechar con todos los desaguisados de la dieta Bush, menos con los zapatones, claro está, en su papel de divo mundial ha puesto sobre la mesa un plan de infraestructuras y obras públicas del que no hay números para contarle los millones. Con los bancos, las hipotecas basura, los intereses, está derrochando imaginación y energía. Echarle el pulso a las finanzas tiene tratamiento de usía ante las consabidas malas pulgas de sus dueños. Aunque sea a los puntos, lo damos como vencedor gracias a su esgrima y fortaleza sacadas de sus visitas diarias al gimnasio. Es consciente nuestro hombre de no librarse de los chaparrones en camino: lo peor está por venir; y anuncia gastos públicos por 775.000 millones de dólares en sanidad, educación, energías renovables. A toda costa quiere crear tres millones de empleos. Sudar va a sudar, pero no dejará títere con cabeza en su afán de escayolar primero y después rehabilitar la quebradísima economía heredada.

A todos nos conviene verle triunfador, porque ganando él ganamos todos. Si a 2009 le da el toque mágico de la recuperación, la cabalgata de los Reyes Magos habrá dejado salud y bienestar en su largo recorrido terrenal. La primera baza ya la ha ganado con las expectativas creadas y la inmensidad de sus programas. A los mirones nos toca echarle optimismo, la esencia de la confianza, y desoír las fáciles críticas al capitalismo después de los batacazos de las economías comunistas. Por los métodos conocidos la estabilidad debe recuperarse y enseguida, mano a la obra, a ser pragmáticos, devanarnos los sesos y buscar la tercera vía, una vía económica y social de más seguridad, justa y duradera, sin sustos, y capaz de mandar al carajo de una vez a la pobreza y la injusticia. Estos nuevos horizontes exigen un líder con poder y talento, un atleta, un campeón del triatlón de la política. Y Obama ha empezado a enfundarse la camiseta. 2009 es su año. ¡Suerte!

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