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¡Odio, odio!

España tendrá que pedir un rescate que va a obligar a introducir recortes mucho peores que los del 2010 y 2012

Hubo gente que creyó que esta pandemia nos haría mejores. Conmovidos por el sufrimiento, iluminados por nuestra recién descubierta vulnerabilidad, todos empezaríamos a sonreír a nuestros vecinos y a mimar a nuestros sanitarios. Todos desearíamos pagar más impuestos para sostener los servicios públicos. Y así, gracias al virus, el mundo iba a ser un lugar más solidario, más compasivo, más afectuoso. Todos estaríamos más pendientes de los débiles. Todos querríamos convertirnos en cuidadores. Todos seríamos más bondadosos. Y el mundo, por fin, sería un lugar digno de ser habitado. Los que sabemos que la naturaleza humana es la que es (como decía Conrad, el alma humana es como el fondo del mar, del que puede salir cualquier cosa en cualquier momento) éramos más bien escépticos y teníamos muchas dudas. Pero mucha gente se lo creyó. El mundo sería un lugar mucho más habitable. El coronavirus nos haría mejores personas.

Supongo que ya va quedando claro que ese hermoso mundo hipotético con el que soñaban algunos -feliz, solidario, justo- no va a hacerse real en ningún sitio. Y más bien será justo lo contrario. Basta ver lo que pasa en nuestro país. Estamos en una situación económica de bancarrota, millones de personas se han quedado sin trabajo y las perspectivas son muy negras. ¿Y qué está ocurriendo? Pues que el odio está rebrotando con una furia que yo no había visto en los muchos años que por fortuna llevo en este mundo. Ni siquiera en los años de la Transición -cuando la policía y la ultraderecha y ETA y el FRAP campaban a sus anchas- se había visto el odio que ahora mismo está envenenándolo todo. Y encima tenemos un gobierno mentiroso e inepto y una oposición que se mueve como un pollo sin cabeza. Unos y otros atizan el odio y juegan a sacarle partido pensando únicamente en salvar el culo. Y la tensión que se vive en la calle podría estallar en cualquier momento.

Pase lo que pase, España tendrá que pedir un rescate que va a obligar a introducir recortes mucho peores que los que vivimos en 2010 y 2012. Y en estas condiciones, un gobierno mínimamente inteligente intentaría apaciguar los ánimos -en vez de excitarlos- y procuraría buscar un amplio acuerdo que amortiguara los efectos más nocivos de los recortes al mismo tiempo que desactivaba el enfrentamiento civil en las calles. Se hará justo lo contrario.

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