Ignacio del Valle

Orejeras malagueñas

Es lo que tienen las ideas impulsivas, mejor ponerse orejeras, tirar de frente, no vayas a mirar a un lado

La serie británica de la BBC Peaky Blinders, orejeras o anteojeras de caballo, fantasea con la historia de una familia de orígenes gansteriles durante los felices años veinte en la muy fabril ciudad de Birmingham. Postguerra, garitos de apuestas ilegales, contrabando, ajustes de cuentas, movimientos obreros y terrorismo del IRA. Los chicos tocados por la magia gitana de una gorra carenada con cuchilla de afeitar se montan en elevador social desde la marginalidad criminal a los negocios respetables o por lo menos lícitos. La serie pone un contrapunto tenebre a las relamidas adaptaciones Agatha Christie y sus enigmas detectivescos con atmósfera glamourienta propia de linajes en los que las libras y las fortunas caídas del cielo propician un exceso de tiempo libre, enfermedades del alma y rencores homicidas. Ahora estamos encadenados a las plataformas de televisión que nos aturden a base de propuestas que reinterpretan el pasado con una multiculturalidad y diversidad desahogada. Un canon actualizado en el que no puede faltar la presencia algorítmica de todos los grupos minoritarios de la sociedad propensos a la discriminación. Este folletín televisivo que le comento, Peaky Blinders, se populariza entre los viejenials que llegamos tarde a todas las novedades y todavía no acabamos de controlar muy bien cómo funciona el mando de la Smart TV. La serie Peaky Blinders recuerda a The Wire o Los Soprano. Describe los hechos con mucho énfasis en lo emocional.

A ello ayuda el actor Cillian Murphy que da vida a Tommy Shelby y el siniestro Inspector Jefe Major Chester Campbell, interpretado por Sam Neill, a las órdenes directas de Winston Churchill, el padre putativo de todas las citas columnistas. Disfrutando del culebrón uno se acuerda de "Málaka", lo de Salva Reina, la más aplaudida aproximación de Cenacheriland a un producto televisivo contemporáneo. Y fíjese que aquí hay tela que contar acerca del auge y esplendor malagueño del S XIX. Tenemos similares escenarios: las guerras, el puerto, las fábricas textiles, los altos hornos, las revoluciones, el cogollo de la Alameda, los medios de comunicación, los nombres que están en las placas de las calles, las estatuas… y un poco allá más al fondo el estraperlo de Gibraltar. Pero es lo que tienen las ideas impulsivas, mejor ponerse orejeras, tirar de frente, no vayas a mirar a un lado, descubras algo que espante más que el recibo de la luz y te lleves una coz.

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