Cuando el PSOË perdió el rumbo

El socialismo en Andalucía no necesita de un ventilador sino de una aspiradora. Un día creyeron que la Junta era suya

Un mazazo. La sentencia de los ERE no se conoció en la pasada campaña electoral. Pero, casualmente, coincidió con la capilla ardiente que el Ayuntamiento de Málaga abrió a su Hijo predilecto Eugenio Chicano. El pintor siempre fue un hombre de izquierdas y en el Salón de los Espejos del Consistorio se dieron cita numerosos dirigentes del PSOE malagueño durante las últimas tres décadas. No esperaban un fallo tan "duro". Y, lógicamente, les causó una conmoción. Pero resulta increíble que, ni en privado, se quiera reconocer la extrema gravedad de lo sucedido. Casi nadie, nueve años después de que comenzaran a saberse detalles de lo acaecido, es capaz de mirar de frente y más allá de las peticiones de perdón para cumplir el expediente, admitir que para un partido que se dice de izquierdas y que lleva en sus siglas la O de obrero, es la peor de las vergüenzas posibles y que quedará impresa a sus 140 años de historia.

Los fines nunca pueden justificar los medios. Si una administración es incapaz de dar respuesta a las demandas que exige la sociedad, hay que cambiarla no sortearla. No vale argumentar que no hubo enriquecimiento personal. Que buena parte del dinero acabó en manos de parados. Que la paz social exigía respuestas rápidas. Que los autores del desastre se fueron poco a poco por la puerta de atrás.

Mientras el PSOE siga en shock y no asuma que la mancha que ahora le cubre necesita de un reconocimiento de lo sucedido, y de una catarsis ejemplar, sin excusas, será difícil que recupere la credibilidad. Reprochar al PP sus niveles de corrupción, que sus escándalos están a su altura, son argumentos muy pueriles. El PSOE no necesita un ventilador sino una aspiradora. Hubo un tiempo en el que los socialistas creyeron que la Junta les pertenecía. Que incluso la ley era una herramienta que se podía adaptar. Que las décadas al frente del gobierno les otorgaban una patente de corso para decidir qué convenía a Andalucía y de qué forma.

La sentencia de los ERE no deja, en algunos aspectos, lugar a la interpretación. No se fiscalizó ni una ayuda en diez años. Por lo tanto, ¿por qué subvencionar a esa empresa o a esos trabajadores y no a otros que podían estar en las mismas circunstancias o peores? ¿Por qué se beneficiaron a muchas entidades privadas en zonas donde los socialistas disponían de su tradicional granero de votos en algunas provincias?

Desnudarse ante la ciudadanía y esperar a que se confiese la verdad, en un auténtico acto de contrición, es un ejercicio inútil para unos partidos políticos que hace años que su razón de ser es conseguir y mantener el poder a cualquier precio. Y si es durante casi cuarenta años, el poder acaba por derivar sin duda alguna en corrupción.

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