La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El PSOE soy yo

Tras su vergonzosa comparecencia del martes Sánchez ha forzado a sus votantes al sectarismo

Lo peor de las elecciones del 10 de noviembre es que Sánchez ha condenado a los votantes del PSOE al sectarismo y la adhesión inquebrantable. Emulando a Luis XIV va a jugar hasta el final la carta de "le PSOE c' est moi", agrandada hasta "le progressisme c' est moi" en su intento de concentrar el voto de izquierdas y progresista sumándole lo que pueda arañar del derrumbe de Ciudadanos. Sin importarle añadir otra frase atribuida al sucesor del Rey Sol, Luis XV: "Aprés moi, le déluge".

Para votar a quien protagonizó la vergonzosa comparecencia del pasado martes no sólo tendrán que seguir el conocido consejo de Indro Montanelli en la crisis de 1976 -"turatevi il naso ma votate DC" ("tapaos la nariz pero votad DC")- aplicándolo al PSOE, también tendrán que taparse los oídos y olvidar lo oído y visto como si les aplicaran el borrador de memoria de los Hombres de Negro. La frase de Montanelli inspiró la expresión "política del naso turato" (política de la nariz tapada) que indica la confianza en las instituciones democráticas por encima de la desconfianza en los partidos y sus líderes.

Calificar de vergonzosa la comparecencia de Sánchez no es fruto del sectarismo conservador o la psoefobia. Es algo objetivo. Sánchez mintió, afirmó una cosa y su contrario, exhibió una nula capacidad de autocrítica y -sobre todo- utilizó su cargo y la Moncloa para largar el primer mitin de la campaña electoral y pedir el voto para su partido. Un político responsable hubiera intentado pactar con Ciudadanos pese al "con Rivera no" que coreaban los socialistas la noche electoral y a las mañas de ese irresponsable que ha demostrado ser Rivera, rematadas por el gol con fuera de juego, mano y zancadilla que intentó colar en el último minuto; o con Unidas Podemos, a la que llamó socio preferente. Es infrecuente que a un político se le ofrezcan oportunidades de pacto a su derecha y su izquierda. Sánchez las desaprovechó, si no las boicoteó, porque quiere jugar la carta de los buenos resultados que le dan las encuestas. Por eso ha forzado a sus futuros votantes al sectarismo tras fundir como lo mismo socialismo, progresismo y pedrismo. "Que hagan lo que quieran, pero que no nos lleven a elecciones… La obligación del presidente es defender los intereses generales" ha dicho Felipe González. Sánchez ha hecho lo que ha querido, desde luego: llevarnos a elecciones desatendiendo los intereses generales.

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