Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Paciencia sin patria

HOY es día de Fiesta Nacional. Un trocito de ARN envuelto en una fina película de proteínas ha contaminado el flujo sanguíneo nacional, y el paciente vomita incompetencia. Cómo está el servicio, Javier Rodríguez: la gente tiene tiempo de afeitarse el sobaco antes de enfermar. La capital del Reino, Madrid, se revuelca en el fango de las tarjetas negras, y los consejeros de su gran banco, incluidos sindicalistas, representantes de los tres partidos y hasta el que fuera jefe de la Casa Real, gastan la pólvora en copas, medicamentos, flores, macetas, gasolina y cajeros. Cash. Bankia es la metáfora de la patria, costó 24.000 millones de euros, pero, Javier Rodríguez, el servicio quiere hasta un máster antes de ponerse un traje. Se imponen la humildad y las virtudes pobres: la austeridad bien entendida, la calma y saber escuchar antes de gillotinar. Un alto funcionario de la Comisión Europea me explica que España se ha caído de los discursos de su jefe, antes servía de ejemplo. El tufo de los ERE también llegó a Bruselas. La religiosa Paciencia Melgar pilló el ébola en Sierra Leona, pero no fue repatriada porque no era española. Ahora amamanta con su suero de superviviente el torrente de Teresa Romero, la mujer que se fue a la pelu. Tan mala no estaría. Échale tus periodistas a ver si la matan, Javier. Paciencia es la paradójica heroína de este día sin patria.

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