Palmilla Tour

"Malaka" es un producto televisivo mucho mejor facturado que la telebasura habitual

Malaka es televisión. Entretenimiento. Cómo Contrastes de Nueva York la excursión guiada a los barrios más Charles Bronson, categoría Harlem, Bronx, Queens y Brooklyn. En Río de Janeiro balacean de cuando en vez a un busito de expedición a la pornomiseria. Turismo oscuro lo llaman y discurre por las favelas retratadas en Ciudad de Dios y Tropa de élite. Malaka es otra cosa. Va de subidones y bajonas en Cenacheriland. Suspense, costa del crimen y canutos. Con ecos de The Wire (Bajo Escucha). Un éxito nivel "que se joda el espectador medio" ideado por el periodista David Simon. El mismo de la policía montada en la moral neuro atípica de políticos corruptos, empresarios Caja B, jueces untables y narcotraficantes de Baltimore. Los diálogos entre trapicheros de The Wire también se subtitularon.

Malaka es un producto televisivo mucho mejor facturado que la telebasura habitual. Y de eso nos tenemos que sentir orgullosos. Técnicos de la tierra. Profesionales de la industria audiovisual. Buena dirección, fotografía, iluminación, ambientación, montaje, guión. Malaka transmite una pechá de neorrealismo pijo-merdellón. Salva Reina creciendo en un papel dramático. Maggie Civantos jugando en casa. Vicente Romero trajeado de buscavidas. El Chule imponente. Tal vez, lo que no perdonamos es que llevamos dos capítulos de Malaka sin asomarnos a calle Larios y empapándonos por la cara B de la ciudad paraíso de los museos. Grafitis, suciedad , descampados, coworkings de medio pelo, matriarca lesbiana , gitanos, moros, nigerianos, cajas y trompetas. Una mirilla a la margina-idealidad. Malaka retrata ese feísmo congénito, nuestra querencia al esperpento de la España peste negra con localismo universal. Los escandinavos de orden Ikea espejan las sentinas del bienestar en las novelas de Jo Nesbo, Henning Mankell, Jussi Adler Olsen, Arnaldur Indridason, Lars Kepler y el celebérrimo Stieg Larsson de la saga Millenium. La pantalla nos engancha con velcro los genitales al sofá. Nos abduce con ese multiverso terrible. Así semos.¿Qué prefiere? ¿Una versión de Agatha Christie con asesinato en el Litoral Express? A falta de equipo de fútbol en primera división, Málaka ha entrado en las grandes ligas de las metrópolis que pintan algo y no siempre bueno: Chicago, San Francisco, Los Ángeles, Londres, París, Roma, Berlín, Hamsterdam. Capitales tan amenazadas por los rascacielos como por los bajos fondos. El día que encontremos al bus turístico trancando el tráfico por La Palmilla, será cuando tendremos, o no, que preocuparnos.

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