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Pantoja para mañana

Todo telecirco gira en torno a la bronca de un universo tonadillero, la madre, la hija, el otro que canta por los pies...

Cómo convencer a los jóvenes para que estudien? Visto lo que arrasa en la tele, si lo llego a saber matriculo a mi hardolescente en la Universidad del Polvo. Estamos acosados youtubers, instagramers, "supervivientes", "grandes hermanos" y toda esa fauna que pulula por los platós de televisión de dinero fácil y futuro descacharrado. Hay un epicentro telúrico, agro-rociero peor que el triángulo de las Bermudas. Una especie de listeria intelectual que rellena las horas de los programas de más éxito en Andalucía. Los independentistas catalanes en su panoplia de reproches y delirios advertían que en Cataluña apenas se veía telechatarra cotilleril (porque que los secesionistas son muy cultos y adictos a la TV3 de "me han roto los dedos y tocado las tetas"). Y de Canal Sur mejor no hablar porque están con los días de gracia. Al menos se han cargado el geriátrico calentorro y a los niños prodigio protagonistas del encefalograma terraplanista.

Ay señor, es llegar reventaó a la madriguera, asomarse por esos vertederos de telechatarra y quedarse enganchado como una mosca en un estercolero. La telemierda te dopa. El cerebro te pide más. Todo telecirco gira en torno a la bronca de un universo tonadillero, la madre, la hija, el otro que canta por los pies … El pantojismo es una corriente cordial que se ama o encabrona. Un antídoto contra las calamidades del Brexit y las trumpadas. Mejor espiar ese ambiente de cena de nochebuena perpetua. Los malos rollos, las envidias, las puyas reservadas. "Jienas, sois unas jienas" vociferaba en sus desaliños El Cordobés. Más que hienas son reyes de la cuota de pantalla, del espectáculo, de la pornomiseria. En la cadena italiana dura se han cargado el Pasapalabra de espíritu casi intelectual. Había tipos brillantes que sabían deletrear y unas definiciones rebuscadas. Cancelaron el programa por un litigio de derechos de autoría intelectual y sabrosas regalías. Han extendido hasta lo imposible Sálvame. Más peleas de gladiadores sangrantes por el corazón couché. Los ricos también lloran. Los neotiesos, indefensos ante la tele en abierto, quedan abocados al marxismo de Groucho: "La televisión es muy educativa. Siempre que alguien la enciende, voy a otra habitación y leo un buen libro". Son unos genios estos de la tele. Hambre para hoy y Pantoja para mañana, tarde y noche. Un sinvivir. Espejo de nuestro futuro colectivo y alma.

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