Tinta con limón

josé L. Malo /

Pimpi Florida

GASTRONOMÍA: el opio del pueblo para muchos, una frustración vital para muchos. Comer, se puede apellidar de manera múltiple: bien, frugalmente, un bocadillo con prisas, sano... Algo que hacemos al menos tres veces al día y para lo que nos exigimos lo mejor. Comer, a quién no le gusta.

Ha fallecido Jesús López, algo más que el dueño de un establecimiento de señera. Se ha ido el alma máter del Pimpi Florida. Algo habrá hecho para que tantos medios de comunicación se hayan hecho eco de la noticia y múltiples personas hayan mostrado su pesar. En los últimos años había tenido que aflojar el tren de vida porque su corazón le había mandado algún aviso. Pero cómo se puede pedir mesura a alguien que vivía por y para su bar.

Ya no tendrán tiempo, los que no hayan tenido la ocasión, de conocerle. Pero sí de ir a ese pequeño rincón de El Palo, que recoge la esencia del barrio: un sitio que es pequeño y grande a la vez, donde caben más de los que la vista permite aventurar y menos de los que realmente quieren ir. ¿Quién no se ha tenido que quedar en la puerta del local comiéndose algo ya de madrugada a la espera de su hueco? De su hueco, sí, porque allí no va uno a sentarse a una mesa y disfrutar de sus manjares. Al Pimpi Florida uno debe ser a lo que va. Cualquier señorito lo encontraría un sitio realmente incómodo o no se atrevería a entrar si se limita a echar una visual desde el exterior prejuzgando. Allí se va sabiendo que cualquier mezcla imposible cobra sentido. Cerveza con cacahuetes, calamar a la plancha con Mi gran noche, de Raphael, esos montaditos con fino. Y nada resulta extraño allí, donde siempre hay tanta gente que la cercanía física conecta con la emocional. Allí se han formado parejas, amistades, grupos. Hay rivalidad por dejar la foto de carnet allí como firma de haber estado presente. Un lugar que todo malagueño que se precie habrá conocido y que ha llamado la atención de programas de televisión gastronómico nacionales.

Las personas se mueren, la carne desaparece. Pero hay quien es capaz de dejar un legado eterno. Jesús López es una de personas. Él se fue, el Pimpi Florida estará abierto mientras los malagueños sigan apreciando un lugar tan genuino como es.

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