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Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Posguerra

Queda claro que el Estado nación es el baluarte que salvará a los ciudadanos, no la Unión Europea ni la OTAN

Esta pandemia es una catástrofe mundial, un tercio de la humanidad está encerrada en sus casas, los muertos se terminarán contando por cientos de miles y las economías públicas necesitarán endeudarse como después de la Segunda Guerra Mundial para despertar el sistema productivo y comercial al que, de modo voluntario, se ha sumergido en una bañera de hielo. Tony Judt escribió en Postguerra cómo se construyó nuestro mundo actual, ahora otros historiadores comenzarán a escribir qué mundo saldrá de después de esta pandemia.

Algunas evidencias ha dejado ya este medio mes de infección.

La primera: habrá una renacionalización de las políticas, el Estado nación se ha convertido en el baluarte de los países para salvar a sus ciudadanos. No la Unión Europea, cruel como en 2008. Alemania y Francia sí que confiscaron el material sanitario que había en sus mercados antes del estallido final y, de nuevo, el eje puritano que va desde Dinamarca a Berlín se muestra reacio a compartir la deuda. Ya buscarán un dedo acusador para condenar a los pigs. Al menos en esta ocasión no tienen como aliado al Reino Unido, el más egoísta de todos.

El comercio mundial recuperará su vigor, no habrá paso atrás en la globalización, pero España y otros países dejarán de comportarse como el adolescente recién llegado que emula a los guapos y guapas de la pandilla. Grande o pequeño, el Estado será fuerte.

La segunda: la España autonómica hay que resetearla. Llevamos cuatro décadas construyendo una España casi federal para contentar a los nacionalistas y a sus dirigentes, que son tipos que nunca se saciarán. La descentralización es válida, pero la Constitución tiene que tener mecanismos eficaces de concentración del poder en el Gobierno (federal) en casos graves. El Ministerio de Sanidad no es nada; tan poco valía que se puso al frente al catalán que venía a apaciguar a ERC. Lo mismo hubiese caído en Cultura o en Educación.

La tercera: el debate actual entre partidos no aporta nada, no hay frutos dialécticos, no hay síntesis, su enfrentamiento sólo sirve para el entretenimiento. Unos son del Madrid y otros, del Barcelona; del Sevilla o del Betis. Este modelo ha caducado.

Y la cuarta: China será la otra gran potencia. Primero, tecnológica; después, militar. Estados Unidos, atascado en sus guerras interminables, no será el líder.

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