Termina el Estado de Alarma y los datos confirman que la pandemia está bajo control. A la vista de los resultados, parece evidente que las medidas de confinamiento, decretadas por el gobierno, fueron las adecuadas para contener el virus. Medidas sin precedentes, que incluían la suspensión temporal de libertades básicas, que eran inevitables desde el punto de vista de la salud pública. No había mayor bien a proteger que la vida de los ciudadanos. También la mayoría de los países optaron por el confinamiento de su población. La llamada inmunidad de rebaño no funcionó. Pero no debemos esperar que la oposición reconozca que el gobierno hizo, con sus errores y aciertos, lo correcto para proteger a la población.

A partir de ahora, el final del Estado de Alarma libera al ejecutivo de la laboriosa tarea de la búsqueda reiterada de apoyos para aprobar los correspondientes decretos. Cuando, con la pandemia desencadenada, lo normal hubiese sido conseguir amplios respaldos parlamentarios a medidas sanitarias indispensables. El asunto acabó convirtiéndose para el gobierno en un trabajo de Sísifo bisemanal. Llegados a este punto, resulta demasiado evidente que PP y VOX vieron el estallido de la pandemia como una oportunidad para acabar con el gobierno. Ante la imposibilidad de conseguir una mayoría alternativa en la Cámara, su estrategia quedó reducida a toscas maniobras de deslegitimación y desgaste, con ataques desmedidos, acusaciones y falsedades, con el fin de confundir y desorientar a una opinión pública sometida al estrés del confinamiento. Ahora se trata de trasladar su guerra de guerrillas a Europa, con el patriótico objetivo de debilitar al gobierno de España ante las difíciles negociaciones que debe librar en el Consejo Europeo. Hasta el punto de alinearse con los más reacios a facilitar las cosas a países, como el nuestro, que han sido los más castigados por la pandemia. Existe en general un amplio consenso, entre economistas de diferentes tendencias, en considerar uno de los mayores errores económicos y políticos de la UE la imposición, con argumentos morales, de duras medidas de austeridad a los países del sur castigados por la gran recesión de 2008. Ahora, ante la crisis causada por el Covid, cuando parece existir un cierto acuerdo en las instituciones europeas para no repetir el mismo error, aparece el cruzado Casado blandiendo en Europa el estandarte del austericidio. Puro surrealismo.

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