La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Religión cero

Lo que se propone parece un híbrido entre Religión, Educación para la Ciudadanía y Valores Cívicos y Éticos

Como parece que la Conferencia Episcopal no quiere admitir lo que algunos creyentes estimamos razonable -que la religión se enseñe y transmita en las familias, las parroquias y otras asociaciones religiosas, dejando para los colegios una historia de las religiones con especial atención al judeocristianismo- ha elaborado unos borradores para la nueva asignatura de Religión. El resultado podría definirse en mi modesta opinión como Religión Zero o 0,0%: un híbrido entre Religión, Educación para la Ciudadanía y Valores Cívicos y Éticos.

Supongo que para sacarla a flote en el contexto Celaá contempla la "denuncia de las situaciones de exclusión, injusticia o violencia", la promoción de la "libertad de expresión", la apreciación de los "valores democráticos", la "ecología integral", la preparación "para el ejercicio activo de la ciudadanía", "la adquisición de hábitos de vida saludables", el "respeto por la multiculturalidad" o adiestrar en el aprecio de "obras de arte, composiciones musicales, y construcciones arquitectónicas representativas de otras culturas y religiones". Todo muy loable. Pero la mayor parte de estos contenidos ya están en la asignatura de Valores Cívicos y Éticos, en la que no figuran los que son diferencialmente propios del cristianismo.

La intención, leo, es proponer "un vocabulario que está en la calle y que ha sido apropiado por la izquierda" porque "la inclusión, la sostenibilidad, la igualdad, la dignidad, los derechos humanos pertenecen al paradigma de la Religión Católica desde siempre" y "los católicos no somos distintos al resto, también queremos una sociedad democrática, y una sociedad donde seamos todos libres e iguales". Muy cierto. Pero también somos distintos: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo".

Escribió Pasolini hace medio siglo: "La Iglesia no ha intuido -en su ansia ciega de estabilidad y permanencia eterna de su función institucional- que el nuevo poder del consumo terminaría ocupando su puesto al suministrar a los hombres una visión de la vida total y única, que no necesita más detentar el poder con los instrumentos clásicos; que no sabe ya qué hacer con la Iglesia, la cual, ahora, ha terminado por pertenecer genéricamente a aquel mundo humanístico del pasado que constituye un impedimento a la nueva revolución industrial".

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