Saturación social

Evidentemente ni el hombre es machista por nacer hombre, ni la mujer hembrista por nacer mujer

Según las leyes de la química, cuando en una disolución se va echando una sustancia, hay un punto que el líquido no puede disolver más de este nuevo contenido y se llega al punto de saturación. Hoy nuestra sociedad parece haber llegado a dicho punto de saturación respecto a las políticas de género, como suele pasar con cualquier situación cuando se lleva demasiado lejos.

Es curioso que una de las principales quejas históricas de los movimientos más progresistas hacia la Iglesia católica fue la concepción del pecado original. E incluso están en contra de ello algunas otras religiones. Su defensa se basa en que el ser humano no debe ser condenado por el simple hecho de nacer. Es más, la propia Iglesia libera de ese hecho con el propio bautismo. Por lo tanto, entendemos que un bebé no tiene porque traer ninguna culpa heredada. Sin embargo, ha habido expresiones en las últimas semanas que nos retrotraen a esos tiempos que parecían superados: "Los hombres son machistas por el hecho de nacer hombres". Parece mentira que alguien con dos dedos de frente sea capaz de defender unos postulados tan anacrónicos. Evidentemente ni el hombre es machista por nacer hombre, ni la mujer hembrista por nacer mujer, o de lo contrario habremos mandado el concepto de libres e iguales a hacer puñetas.

En este sentido un factor que siempre nos puede orientar frente a los radicalismos, en temas tan delicados como los malos tratos o las muertes en el ámbito doméstico, son los datos. Si observamos que el número de mujeres asesinadas por sus parejas, ya que son los únicos datos que se publican, no ha variado significativamente en los últimos años, hemos de concluir que las acciones realizadas son erróneas. Porque, sin embargo, las muertes en carretera han disminuido y sabemos como pueden seguir haciéndolo. Para fijar estrategias podríamos comprobar, a partir de los datos del Instituto de la Mujer, como 30 asesinadas son españolas y 17 son extranjeras. Pero estos datos son absolutos, y cuando los hacemos relativos a la población vemos que, como sólo el 10% de los habitantes vienen de otros países, el riesgo de ser asesinada de una mujer extranjera es cinco veces mayor y por tanto son mucho más vulnerables. Por tanto, todos nuestros sistemas educativo, preventivo y judicial deben ser especialmente redirigidos hacía estos sectores, porque las personas pueden ser xenófobas, pero los números no.

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