Toque a retirada

Hay familias que han programado estos días una celebración tras otra, aunque a todas acudieran los cuñados

No puede quejarse Pedro Sánchez de que sus palabras no encuentren eco entre los ciudadanos. El presidente que nos confinó manu militari en la casa durante dos meses, que encargó a dos generales que dieran a diario por televisión su parte de guerra contra el virus, dio por "vencida" a la pandemia y alentó a los españoles a perderle el miedo a los rebrotes. Hay que "salir a la cale para reactivar la economía". Era el 4 de julio y no estaba celebrando la independencia de los Estados Unidos , para que nos mantuvieran congelados los aranceles por la exportación del aceite de oliva, sino exhortando a sus fieles en un mitin durante la campaña electoral de Galicia.

Y después de meses con "responsabilidad, disciplina y moral de victoria", el pueblo obedeció. Que en España salir a la calle no es una penitencia. Y así han proliferado los encuentros. Hay familias que han programado una celebración tras otra aunque acudieran los cuñados. Hasta las Navidades se han anticipado, no sea que en diciembre la casa se convierta en un confín. Nunca han brindado las agendas tantas ganas por reencontrarse con antiguos amigos y ex . La mayoría recuperados después de infinitas horas de tedio durante la cuarentena.

Al tocar a rebato, los jóvenes han salido como si no hubiera un mañana. Las pulsiones de la vida no entienden de vacunas. Bares y terrazas, casas, playas... La búsqueda desesperada de ambientes, que es el sinónimo de frecuentar espacios para disfrutar en multitud. Es verdad que Sánchez animó al disfrute con "moderación". Pero los efectos secundarios de los grandes titulares suelen pasar desapercibidos. Y además, ¿qué es la moderación? Porque si la aplicamos en política igual sobrarían un puñado de partidos. Llamamos a que vinieran los turistas. Exhortamos a los nacionales a que llenaran los bares. Pero ya no se permiten mesas para más de diez. Han cerrado pubs y discotecas. Los clientes no pueden llegar después de la hora en la que Cenicienta ha abandonado la fiesta. Por cierto, este virus dice que el baile es contagioso. En las playas de Marbella ya no se puede retozar por la arena durante la noche. Y el ejemplo se extenderá a toda la Costa del Sol. Si Spielberg remasteriza Tiburón, deberá buscar otro arranque para la película. A esa hora, ese pez no podría devorar a ninguna incauta bañista.

Y es sólo el principio. En algunas autonomías ya amenazan con implantar el toque de queda. Todo el mundo en sus casas a una hora prudencial. Pero dudo que cualquier medida sea efectiva. Hay que exigirle a Pedro Sánchez que vuelva a utilizar la corneta monclovita. Pero que esta vez toque a retirada.

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