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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Vuelo 443

Contra lo que dijo Pascal, hay razones del corazón que sí entiende la razón de la ciencia

He pasado tres noches en la cuarta planta del Hospital Virgen del Rocío, sección Cardiología. Un viaje alucinante con experiencias novedosas, incluido un traslado en ambulancia desde el Hospital Infantil hasta el Hospital Central. En una reciente conversación, mi mujer se refirió a la película Corazonada, de Coppola. Me gustó la película y me gusta el título que le puso Gutiérrez Aragón: El corazón del bosque, una historia de maquis y verbenas. Yo pensaba que lo de las sístoles y diástoles era sólo un asunto de los crucigramas y los cazadores de esdrújulas.

En la nave 443 donde hicimos el viaje, los pilotos eran los cardiólogos Carlos Palacios, Luis Salvador Díaz de la Llera y Carmen María González de la Portilla. Ellos le dan la vuelta al aserto de Pascal. Hay razones del corazón que la razón de la ciencia sí que las entiende. Cardiólogo y cordialidad duermen en el mismo árbol de las etimologías.

Compartí habitación en días sucesivos con dos auténticos caballeros. Como estuve tres días sin ver la tele, ¿cómo va ese Gobierno?, permítanme que les hable de mis compañeros de travesía. Pedro es de 1942, vive en la barriada de Torreblanca, que sólo sale en los papeles para los sucesos. Sufrió un infarto en 2011, pero sacó fuerzas de flaqueza para cuidar hasta el año pasado, que se le fue, a su mujer con alzhéimer. Vive con su perrita, presume de su independencia, ya no puede hacer muchas cosas que le gustaban, pero se conforma con disfrutar de lo que llama sus cosillas. Entre ellas, ir los lunes, miércoles y viernes a la piscina.

A Pedro le sustituyó Paco como compañero de pernocta. Vive en el campo, cerca de la barriada de Bellavista, la de Felipe y Toni Doblas. Es de 1943 y lleva sesenta años con Puri. Les salió un cuarteto de varones que completaron con dos hembras. Todos los oficios, todas las vicisitudes en esa prole, media docena de vástagos que se alternaban en los cuidados. Una tribu maravillosa, un hemiciclo de genética. Paco, el patriarca, tuvo dos oficios. Trabajó de gruista en Suiza, donde nació uno de sus hijos, y durante cuarenta años fue corredor de seguros. El mismo día que le dieron el diagnóstico se enteraba de la muerte de su hermana Inés. El corazón tiene arterias pero no tiene alas. Pedro y Paco, dos caballeros de Torreblanca y Bellavista, Oxford y Cambridge de la vida que pasa más allá de los telediarios.

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