En estos días se cumple el tercer aniversario de la irrupción del Covid. La pandemia supuso un auténtico test de estrés para el sistema sanitario y para la sociedad en su conjunto, que se vio confinada de un día para otro, viendo saltar por los aires sus planes de futuro. Hasta que aparecieron las primeras vacunas, la pesadilla no parecía tener fin, con nuestros sanitarios convertidos en auténticos héroes, impotentes ante las vidas que iba segando el virus. Tres años después, no está del todo claro que hayamos aprendido la lección. A la vista de las agresiones que sufren los profesionales de la sanidad, parece que no.

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