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La banda sonora de una ciudad

Ninguno de los grandes partidos rechista ante el problema. ¿Pero realmente es ésta la ciudad soñada?

Ya tenemos espectáculo de luz y sonido en calle Larios, con tres pases esta vez, y sin riesgo de que no podamos acabar la velada con una copa en alguna terraza. El casco histórico ha congregado en 11 meses más de 330 actos públicos. El alcalde apostó hace años por convertir este escaparate en un gran teatro con funciones diarias para miles de espectadores. Abjurar ahora por la saturación acústica es un ejercicio de cinismo político. Anunciar una norma para reducir un 30% los eventos una vez que has creado el problema es un síntoma evidente del modelo de gestión.

Eso sí, nuestros representantes municipales recorren los congresos que propugnan transformar en "amables" las ciudades. Un ayuntamiento, su gobierno y los grupos municipales que integran la Corporación gozan de la potestad de diseñar el futuro de las urbes que rigen. El primer mandamiento es facilitar la vida de los vecinos. Y no siempre el camino es la decisión salomónica cuando surge un conflicto o dejar el tiempo pudra los problemas.

La proliferación de bares y terrazas ha convertido en intransitables algunas zonas del casco histórico. Sospecho la desesperación del cada vez menor número de residentes porque el entorno convierte sus viviendas en poco habitables. Hace años que los estudios del propio Ayuntamiento de Málaga advertían del riesgo de convertir el centro en un gran parque temático, con cabida para locales y turistas. La profecía casi ha se ha autocumplido. Como ha sucedido en otras capitales europeas. La peculiaridad es que en Málaga, a diferencia de éstas, el clima y nuestra forma de vida, sólo deja las calles desiertas en hora temprana nocturna los lunes y resacas de guardar.

Ninguno de los grandes partidos rechista. ¿Es ésta la ciudad soñada? El sector hostelero cada vez cobra más fuerza y hace bien en defender sus intereses. Pero el argumento de los miles de empleos que generan estos negocios es débil. Y no creo que los dirigentes políticos consideren resuelto el problema laboral si se consigue convertir Málaga en la mayor fábrica de camareros del sur de Europa.

Pero una vez dentro del bucle, la solución es complicada si se cumple la ley. Todas las mediciones efectuadas hasta ahora registran un exceso de ruido. Aunque, insisto, el primer productor de decibelios ha sido el propio Consistorio. Los empresarios proclaman una y otra vez que hay que seguir midiendo. Cada vez quedarán menos residentes y si se sustituyen por turistas estos no protestarán porque el centro sea simplemente un lugar de fiesta y de ocio. ¿Pero aspiramos a ese tipo de ciudad? En el Ayuntamiento hace tiempo que sus silencios también retumban.

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