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Podemos tiene dos varas de medir. Una para ellos y otra para el resto. Pueden cuestionar la monarquía aprovechando una crisis sanitaria mundial, pero a ellos que no les chisten. Ignoro cuando escribo este texto si va a tener eco la cacerolada contra Pablo Iglesias convocada para anoche. Me parece una iniciativa tan desafortunada como la que Podemos alentó y quiso patrimonializar el miércoles contra el Rey. Pero estos lances demuestran el puño de hierro y la mandíbula de cristal que tiene el partido morado.

El viernes, el portavoz de Podemos en el Congreso Pablo Echenique puso un tuit indignado, porque en la tertulia de Hoy por hoy de esa mañana habían criticado la aparición de Pablo Iglesias en una rueda de prensa el día anterior. Se saltaba el vicepresidente por segunda vez la cuarentena que él mismo anunció en twitter. En la SER lo consideraron una sobreactuación poco ejemplar para los ciudadanos y poco solidaria con sus compañeros de gabinete y sus colaboradores.

Para los comentaristas fue un juego de vanidades penoso y lastimoso. Sostuvieron que Iglesias colocaba su ego por encima de la epidemia. Echenique en su tuit consideraba esas palabras "un akelarre de tertulianez cuñada". Añadía que Angels Barceló es una buena periodista y por tanto esas opiniones contra Iglesias debían ser "ordenes de arriba". Y concluía lamentando que se desestabilice así al Gobierno de España en plena epidemia.

O sea, poner en cuestión la monarquía parlamentaria como forma del estado democrático en plena crisis es libertad de expresión, según las propias palabras de Iglesias. Pero criticar su actuación personal es desestabilizar al Gobierno. Barceló es una buena periodista si critica a la Casa Real -como hizo el jueves-, pero recibe órdenes de arriba si critica a Iglesias. Echenique puso el foco en el Rey en el pleno restringido del Congreso y Podemos ha intentado abanderar la cacerolada contra Felipe VI desde el Gobierno, en una estrategia insensata en la actual coyuntura, pero que nadie ose criticar a su líder máximo y gran timonel. Una de dos: nos toman por niños o son como niños.

Esta crisis sanitaria está retratando las mejores virtudes y los peores defectos de algunos dirigentes. Entre los primeros está Margarita Robles, cuyo protagonismo en la primera intervención del cuarteto de ministros que lidera la lucha contra la pandemia enceló a Iglesias. El jueves no pudo reprimir un elogio que más bien parecía una queja por pisarle su terreno: "Debo reconocer que no imaginaba que la primera preocupación de la ministra de Defensa fuera la situación de las personas sin hogar". En el lado opuesto está Pablo Iglesias. Ayer en El Confidencial, Zarzalejos opinaba que "le falta oxígeno y saca la cabeza; si no lo hace se ahoga". Y al sacar la cabeza a destiempo han querido cacerolear al caceroleador. Mal asunto.

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