Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

El cava

DURANTE años se dio por cierto en estrategia que una empresa o producto debía, alternativamente, jugar a ser "diferenciado" y caro o a ser barato y pelear a muerte en los costes: Casio frente a Rolex, calzoncillos Abanderado para el interior del soldado frente a fina lencería masculina de Dolce&Su Hermana. Quien no se definía claramente estaba "atrapado a la mitad" y era candidato a desaparecer.

En esta España tan a menudo insufrible, ha surgido una versión cainita de estar atrapado en el medio. En medio del fuego cruzado entre dos facciones consumidoras: los catalanes y el resto de España. Todos los años lo mismo, dirá usted; pero este año con ciertas dosis de innovación. Freixenet y Codorníu, dos marcas señeras de espumoso catalán de gran consumo popular -un independentista pedante le dirá que son vinos menores para españoles ignorantes-, se encuentran atrapadas entre los españoles partidarios del boicot al cava catalán y los catalanes que promueven, diputados incluidos, que si estas empresas hacen publicidad "unionista" los que les harán el boicot serán ellos. Las pobres compañías descubren el "marketing esquizofrénico": ni contigo ni sin ti, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Viva España y Visca Catalunya, pero excluyentemente: de españolas y catalanas maneras. Las empresas, que están para producir y vender, tienen el corazón partido, y quizá alguna otra parte de su corporativa anatomía. Aunque corren por ahí listas de marcas y empresas "independentistas" catalanas, la verdad es que la complejidad de los intercambios es en tal grado inescrutable que este tipo de dialéctica es testimonial y bullanguera.

A las citadas marcas catalanas les toca la peor parte en esta crisis recurrente, porque nos sorprendería saber cuántas empresas que están detrás de los productos que usted escoge del lineal del súper tienen sede social o productiva en Cataluña. Si los que proponen el boicot desde esta parte de España fueran rigurosos, deberían auditar su carrito de la compra, con serios problemas para cuadrar su composición excluyendo "productos catalanes". Hay quienes aluden a las balanzas fiscales y a la localización de la tributación del IVA, lo cual es muy técnico pero no existe una forma clara de calcular el resultado de la "cámara de compensación" comercial. Hay quienes reclaman desviar nuestros paladares y nuestros bolsillos a alternativas espumosas extremeñas o andaluzas, que aprovechan la debilidad sobrevenida de los líderes catalanes. Uno preferiría, ya puestos, elegir un champán francés de esos con nombres alemanes. Pero de ésos podría adquirir uno o ninguno si confronto disponibilidad y gustos. Porque, la verdad, el cava no es para tanto.

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