¿El centro existe?

Ser de centro es algo más complejo que aprovechar una coyuntura para encontrar un ropaje político atractivo

En geometría me enseñaron que el centro era un punto equidistante entre los extremos, pero también me decían que el punto es una figura geométrica que no tiene ninguna dimensión, es decir que físicamente no existe: es una entelequia. A eso parece ser que está condenado el centro político en España; a ser una ficción. Los partidos que hasta el día de hoy han intentado ocupar ese espacio han estado condenados a una existencia fugaz y al fracaso. Pero si analizamos el origen y el recorrido histórico de estas formaciones veremos que realmente nunca nacieron como el resultado de una reflexión política elaborada y serena en torno a la ideología y principios que se le supone a un partido de centro. Siempre fueron una salida política precipitada, movida por las circunstancias, o bien como estructura para competir electoralmente (UCD) o bien como expresión de una escisión (CDS) o por el sentimiento de una revancha política (UPyD). En realidad, las formaciones que trataron de ocupar el centro político en nuestro país siempre fueron una derecha disfrazada o resentida y por eso, al final de su breve recorrido, sus militantes, salvo raras excepciones, terminaron engrosando las filas del partido conservador del que en el fondo ideológicamente siempre formaron parte. Cs, formación que apunta a ser la última de estos repetidos fracasos, ha tenido una trayectoria aparentemente distinta, pero que en el fondo responden a las mismas características que sus predecesores. Nació como derecha moderna, sin pensamiento político definido, sin preocuparse mucho en saber si eran liberales o socialdemócratas y sin más identidad que representar una imagen agresiva contra el nacionalismo catalán. Su extensión al resto del país fue descaradamente una operación electoral que dejó al descubierto su escasa consistencia ideológica.

Difícilmente puede ser centro liberal una formación en la que se produce una gran conmoción interna ante la posibilidad de pactar con la socialdemocracia, pero que no tiene reparo alguno de caminar de la mano de la extrema derecha. Ser de centro es algo más complejo que aprovechar una coyuntura para encontrar un ropaje político atractivo, requiere aceptar los principios liberales democráticos, sin veleidades de pactos espúreos para conseguir el poder y asumir sin más pretensiones inmediatas el papel de partido bisagra. Y así es difícil aventurar que del resto del naufragio de C's pueda surgir ese partido de centro que nunca existió en España.

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