Con la pandemia ha habido un retroceso en el acceso de los usuarios a las Administraciones. Vigilantes de seguridad controlan la entrada a muchos edificios públicos y no hay quien entre sin la correspondiente cita previa. Remiten a números de teléfonos o páginas web para solicitarla que muchas veces no funcionan. Además, quienes tengan problemas con las tecnologías difícilmente pueden resolver su problema. Así las cosas, muchas administraciones son ahora un búnker, pese a que deberían estar al servicio de los ciudadanos.

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