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Crónica Personal

Esto se complica

En público, el PDeCAT muestra un apoyo incondicional a Puigdemont; en privado es otro cantar

Junqueras piensa que con proclamarse hombre de paz y creyente tiene sus asuntos judiciales resueltos, pero las cosas son mucho más complicadas de lo que le gustaría al ex vicepresidente de la Generalitat. La intervención de la Fiscalía para insistir en la necesidad de mantener su prisión preventiva fue demoledora, se nota la experiencia de Javier Zaragoza, ex fiscal Anticorrupción y ex fiscal jefe de la Audiencia Nacional. Ante sus argumentos, los del abogado de Junqueras y del propio Junqueras han quedado absolutamente devaluados, aunque la última palabra la tendrán los tres jueces del tribunal. En cualquier caso, sea cual sea su decisión, a medida que se acerca el día 17, fecha en la que debe constituirse el nuevo Parlament, la situación se enrarece cada vez más para los independentistas.

Primero porque ese día se tiene que elegir la Mesa del Parlament, y debe ser con voto presencial. Ocho de los diputados electos no tienen la seguridad de que puedan acudir a la sesión, unos por fugados que serán detenidos en cuanto pisen suelo español y otros por prisión preventiva. Eso abre las puertas a que Arrimadas pueda tener a un diputado de C's presidiendo la Mesa, aunque todo dependerá de los comunes de Colau. Porque la CUP, con sus 4 diputados, no está incondicionalmente con JxCat. Su portavoz, Carles Riera, se vio el miércoles con Puigdemont en Bélgica y no llegaron a ningún acuerdo. La CUP insiste proclamar la república y la independencia, y si JxCat y ERC mantienen esa línea -que aparentemente ya no es la que defiende Junqueras-, entonces la Justicia será implacable con todos los que están pendientes de tomar posesión de su escaño.

Por otra parte, comienzan a verse signos de contrariedad en el PDeCAT, el partido al que el ex president dio un corte de mangas cuando se marchó a Bruselas sin comunicarlo a su dirección, creó otro e hizo la lista sin consultar con esa dirección, a la que dejó fuera. Ha conseguido más votos que ERC contra pronóstico, eso sí, pero ha provocado que las siglas PDeCAT, y su dirección, se encuentren totalmente devaluados.

No influyen en Puigdemont, que hace lo que quiere aunque paga Barcelona, y que se empeña en mantener su escaño así como el de los miembros de su lista, lo que provoca que queden sus sitios vacíos ya que no los pueden ocupar otros… y los independentistas pierden la mayoría en el nuevo Parlament. En público, el PDeCAT muestra un apoyo incondicional a Puigdemont y lo consideran presidente en el exilio. En privado es otro cantar. Empiezan a darse cuenta de que, con su huida y su egolatría, está dejando a los antiguos convergentes para el arrastre.

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