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Una cuestión lingüística

Un servidor hubiera preferido que los 1,2 millones de euros gastados lo hubieran sido en ayuda a las necesitadas

Cunde en la red, aunque con poco éxito, una alerta de protesta por el ya un tanto gastado asunto de la campaña de la Junta de Andalucía sobre el maltrato doméstico, tan irritante para el feminismo en nómina. Leo en OK Diario, digital dado a los titulares llamativos pero que no suele mentir, que una de las promotoras de lo que se querría revuelta y no llega a revuelo es la señora o señorita que dirige uno de esos chiringuitos de género que la misma Junta sigue dispuesta a seguir amamantando a sus generosos pechos, el llamado nada menos que Mujeres Supervivientes de Violencia de Género. Los ciudadanos de a pie no tenemos por qué recordar que doña Antonia Ávalos fue promotora en 2104 de la procesión "del coño insumiso", que consistió en el precioso espectáculo del paseo y exhibición por Sevilla, a lomos feministas, de una gran vagina de látex con todos sus perejiles, muy naturalmente tratados para la ocasión. La señora o señorita Ávalos, que será juzgada en octubre por un delito contra los sentimientos religiosos, cree que la campaña de la Junta es "fría y banal", lo que, conocidos sus gustos, podemos explicarnos.

En la España tremendista de hoy, el tratamiento en positivo de cualquier problema social resultará frío y banal. Evitar ese efecto y la crítica resultante es fácil: preséntese siempre el tema con tintes lo bastante negros para permitir a los profesionales del victimismo su aprovechamiento para una nueva subvención. Dicho lo cual, hay que decir también que la cartelería de la Junta, con sus convincentes actrices, resulta fallida por haber descuidado un aspecto tan esencial en la comunicación como la imagen, que es el lenguaje. Entiendo que la frase: "Ella ha sufrido malos tratos" junto a una mujer sonriente induce a pensar que se muestra feliz por el hecho de haber sido maltratada, incluso de seguir siéndolo, pero quizá hubiera bastado el cambio del "ha sufrido" por un "sufrió" para que la percepción sea distinta: los malos tratos quedan confinados a un tiempo superado, que ya no existe y no debe regresar. Hace tiempo que los lingüistas advierten de estas cosas -y pienso especialmente en la tarea del Instituto de Lingüística Aplicada de mi Universidad de Cádiz- y hasta ofrecen su ayuda a empresas e instituciones para evitarles estos desbarres. Aunque, ciertamente, un servidor hubiera preferido que los 1,2 millones de euros gastados en esta campaña lo hubieran sido en ayuda efectiva a las necesitadas.

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