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El lanzador de cuchillos

Con el culo al aire

Ahora sabemos que tampoco pisan la cárcel los sindicalistas violentos. Prebendas de la casta

El Gobierno de Sánchez, que está peleando en los play offs preelectorales todos los balones que dejó escapar en la liga regular -la exhumación de Franco, los permisos de paternidad, el decreto del alquiler- ha indultado a Carlos Cano y Carmen Bajo, los dos sindicalistas granadinos que fueron condenados a prisión por su actuación durante la huelga general de marzo de 2012. No fueron condenados por participar en un piquete informativo, como afirman algunos medios, sino por irrumpir con otros cuarenta individuos en un bar regentado por una mujer, y amenazarla, vejarla, coaccionarla y causar daños en su negocio. Según el marido de la hostelera, "se presentaron sin ninguna intención de informar de nada: insultando, tirando las copas de la gente, haciendo pintadas, amenazando a mi mujer… Alguno llegó a subirse a la barra y bajarse los pantalones".

Cano, que pasó únicamente ocho días en Albolote, nos reveló al salir de prisión que los banqueros y los políticos corruptos en España no van a la cárcel. Ahora sabemos que tampoco la pisan los sindicalistas violentos, que practican otro tipo de corrupción. Prebendas de la casta.

La semana de condena le sirvió al activista Cano para salir reforzado en su papel de héroe de los indignados. El émulo de Gordillo declaró que se le había encarcelado por ser crítico con el sistema, pero no dudó un instante en acudir al sistema - ¡qué digo al sistema!, ¡al mismísimo diablo Gallardón!- para solicitar para sí el denostado privilegio del indulto.

Y, en todo este tiempo, ¿qué ha ocurrido al otro lado de la barra? Pues que la dueña del local que fue asaltado por cuarenta "informadores" dispuestos a informar todos a la vez recibió infinidad de amenazas en las redes sociales y alguna visita inquietante en su negocio, como la de los cuatro sujetos que estuvieron una noche apoyados en la barra sin pedir absolutamente nada. Ella y su marido tuvieron que firmar la petición de indulto para hacerse perdonar la osadía de denunciar en su día a quienes irrumpieron violentamente en su local y les impidieron por la fuerza ejercer su derecho a trabajar. Tiempos extraños estos en los que, a los ojos de la gente, la víctima y el verdugo acaban intercambiando sus papeles.

El gobierno del PSOE, que encabezó la huelga feminista del pasado 8 de marzo, no ha dudado en indultar a los camorristas que acosaron a una mujer trabajadora. Uno de aquellos alborotadores se bajó los pantalones y se quedó con el culo al aire. Como Pedro Sánchez.

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