Club Dumas

Cómo debemos sentarnos

La obsesión de ciertas ideologías por controlar la vida privada de las personas empieza a ser preocupante

La última propuesta realizada por la CUP en Cataluña podría alcanzar, sin esfuerzo, el colmo del ridículo en la reciente política española: "prohibir que los hombres abran las piernas al sentarse en el transporte público porque se considera una invasión del espacio de los demás, fundamentalmente las mujeres, y es un símbolo de micromachismo". Y todo ello dentro de un programa sobre la Nueva Masculinidad que, evidentemente, nos van a indicar a todos cómo debemos comportarnos hasta en la más íntima de nuestras acciones. A este paso aun desconocemos si se creará un cuerpo de vigilantes especializado que, transportador de ángulos en ristre, mida cada apertura de extremidades para poder evaluar el montante de la multa a imponer. En cuanto lleguen a un consenso sobre el número de grados permisible habrán dejado patente esta magnífica aportación a la legislación autóctona.

Tras estas reflexiones, de tan alto calado social, se ignora si deberían ser merecedores del premio Carlomagno a la construcción europea o del Foot in Mouth Award, otorgado a la mayor metedura de pata de un personaje público. Lo que queda claro es que es una propuesta trascendental para la situación española actual y cuyas imprevisibles consecuencias mantienen en vilo a toda la ciudadanía. Es más, esta sarta de banalidades podrían ser incluidas, sin el más mínimo problema, en el famoso libro latinoamericano del Manual del perfecto idiota surgido a partir de los disparates que se le ocurrían en aquellos países a todo aquel que llegaba a la política por accidente.

Ironías aparte, la obsesión de ciertas ideologías por controlar la vida privada de las personas, imponiendo lo que deben comer, beber, comprar o pensar, empieza a ser preocupante. Especialmente en un país donde se logró la libertad tras una larga dictadura y donde ahora esos totalitarismos tratan de acabar con el pasado reciente y volver a subyugar a la ciudadanía. Normativas como éstas de imponer el cómo se deben sentar los hombres, o si las mujeres deben usar esponjas marinas en vez de compresas, suenan más a los viejos inspectores de la censura despótica que a una mentalidad actual y europea. Mejorar nuestro país, acabar con la corrupción y lograr una mayor higiene política exigen de más compromiso y sagacidad por parte de todos, pero aquellos que no creen en la libertad nunca serán garantes en el avance de nuestra democracia.

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